viernes, 9 de febrero de 2024

La Cámara de los Pájaros

Cotorra argentina 1 (Myiopsitta monachus)

Colirrojo tizón 1 (Phoenicurus ochrurus)

Gaviota patiamarilla (Larus michahellis)

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)

Cotorra argentina 2 (Myiopsitta monachus)

Colirrojo tizón 2 (Phoenicurus ochrurus)

Garza blanca 1 (Ardea alba)

Garza blanca 2 (Ardea alba)

Paloma torcaz (Columba palumbus)

Dos meses largos llevaba sin usar mi Sony bridge con su super zoom. La verdad es que ya hacía tiempo que por algún lugar se le había colado suciedad a la óptica y me salían unas manchas oscuras en las fotos, que me costaba Dios y ayuda disimular con el programa de edición que uso: El Microsoft Digital Image 2006 Suite Editor, que me pasó hace un porrón de años mi amigo Antonio, quién supongo lo seguirá utilizando desde el cielo, donde seguro continúa cargando con su mochila y haciendo fotos desde que se fue el año pasado. De vez en cuando le echo un ojo a su blog Navegando por la vida, por si publica algo nuevo.

Al principio eran unas simples motas, que más o menos conseguía eliminar o, al menos, disimular. Pero últimamente la cosa empezó a pasar de castaño a oscuro y se me fueron quitando las ganas de utilizarla, tirando más del móvil y de la Canon, que obviamente, carece del zoom pajarero de la Sony.

Las cámaras de fotos, por si alguien no lo sabe, son caras de narices, y los objetivos con zoom para la Canon, ya ni te cuento, así que me propuse arreglarla. En Murcia, la última vez que la llevé y comenté lo de la suciedad, me dijeron que sí la podían intentar limpiar, pero con riesgo de que cascara. Como en aquel momento no era mucho el problema, lo dejé. Con este antecedente, descarté Murcia de principio y llamé a un taller de Elche, que ya me había solucionado un problema con un objetivo hace unos años, y me dijeron que las "bridge" no las reparaban. Decepción. 

-Llame usted al ST en Madrid, a ver que le dicen. 

(ST de Sony en Madrid) -Pues dos posibilidades tiene: que se pueda arreglar o que no. Si se puede, son tantos euros más los portes, y si no, los portes igualmente. ¡Menudo negocio, pensé!

Mi última opción: volver al inicio y llevársela al técnico de Murcia. Así lo hice. Dos días después me llaman para decirme que sí se puede limpiar, que son menos tantos euros. ¡Encantado, adelante! Al poco me llamaron y fui a recogerla y probarla. ¡Niquelada! Ni una mota, y además ha mejorado el enfoque y la luz, con lo que no tengo prácticamente que echar mano del programa de mi querido Antonio. Así que el finde pasado la reestrené con los resultados que traigo a este post.

PD El nombre de "cámara de los pájaros" se lo pusieron mis hijas, a las que no les gustan las fotos que les hago con ella. Prefieren la otra. Pues eso, la otra para ellas y esta, para ver más allá. 

domingo, 4 de febrero de 2024

Alba y Ocaso

Alba 1 (Con lucero incluido)

Alba 2

Alba 3

Alba 4 (Primer rayo de sol)

Ocaso 1 (Último rayo de sol)

Ocaso 2

Ocaso 3

Ocaso 4

Hay dos momentos en el día en los que, si estás mínimamente a ello, te das cuenta de que la tierra se mueve, y no despacio precisamente, sino a buena marcha. Casi en un abrir y cerrar de ojos pasas de la penumbra incierta a la cegadora claridad, y viceversa. Son esos instantes, el alba y el ocaso, en los que el sol aparece y desaparece de nuestro campo visual a una velocidad de la que durante el resto del día, y por supuesto, la noche, no tenemos conciencia.

Seguramente, fueran esos los momentos en que nuestros parientes humanos a lo largo de los tiempos,  se plantearon cuestiones tan enjundiosas como: ¿El sol da vueltas a la tierra? o, por el contrario, ¿es la tierra la que gira alrededor del sol? Esto del geocentrismo y el heliocentrísmo dio para muchos debates, algunos de los cuales acabaron malamente para sus participantes. Que se lo pregunten a Galileo Galilei. Y si ya metemos en la discusión a los terraplanistas, ¡apaga y vámonos! 

Yo, personalmente, soy de menos debatir y más disfrutar. Y aprovechar el tiempo ¡Que va más rápido de lo que pensamos!

P.D. Todas las fotos están hechas desde el mismo sitio (la terraza de mi casa) Esa que me dio tanto juego durante el confinamiento en la pandemia.

sábado, 3 de febrero de 2024

Bienestar Animal

Vecinas de Santa Eulalia, al fresco con sus mascotas

Vaya por delante que no tengo mascota. Ahora. Después de Wally, nuestro agaporni inseparable que campaba y volaba a sus anchas por la casa (cuando le abríamos la jaula), decidimos que había sido el último. El último de una innumerable saga de periquitos, canarios, jilgueros, diamantes, cotorras, ninfas, mirlos... y hasta un hámster que han compartido casa, coche y vacaciones con nosotros desde siempre.

Dejo dicho lo anterior para que quede claro, que algo de conocimiento sobre bienestar animal puede que tenga después de una vida compartiendo con alguno de ellos. ¿Y a cuento de qué, vengo con estas ahora? Pues porque una cosa lleva a la otra, y una mañana, soleada mañana de febrero, haciendo unos recados de esos que si no te apuntas, no acabas haciendo nunca, enfilé la calle Puerta Nueva, en esta Murcia en la que solo se acaba el buen tiempo cuando llegan los abrasadores meses veraniegos (cada vez más largos y secos) y en la puerta de una copistería me topé con un carrito de bebé, con su ocupante dentro, y nadie más a la vista. Cierto es que al acercarme, pude comprobar que la atenta madre se encontraba tres o cuatro escalones más arriba, con un ojo en la copistería y otro en el bebé. 

No, el bebé no estaba abandonado a su suerte en la vía pública, aun cuando a primera vista lo pareciera, aunque si así hubiera sido y la madre en vez de estar donde estaba, hubiera estado tomando tranquilamente un café en la cafetería que habría sido la copistería, cualquier transeúnte (incluido yo) se habría alarmado, si no escandalizado, por el desahogo de la madre, y el bienestar del bebé. 

Normal, estarás pensando, cualquier ciudadano de bien de los que ahora tanto hablan los políticos se habría cuando menos preocupado, y solicito, buscado a la madre, agentes de la autoridad o hada madrina protectora del bebé, o incluso a los servicios sociales que se hicieran cargo de la situación.

Hace unos años, visitando a nuestra hija, de Erasmus en Kaunas, un mes de abril que pelaba de frio, al atardecer, mientras paseábamos por la ciudad, nos llamó mucho la atención que en la acera, a la puerta de algún comercio o cafetería, aparentemente dejados de la mano de Dios, nos encontrábamos, no uno ni dos, sino varios bastantes, carritos de bebé con el correspondiente niño dentro. Abrigadito, pero dentro del carrito y fuera del establecimiento. 

A nosotros, gentes del cálido sur, no se nos ocurría razón para tamaño desatino y así se lo hicimos saber a nuestra Erasmus, quien, como ya llevaba por allí un tiempo, se había hecho a las costumbres locales y, según nos explicó, aquello no era ninguna maldad ni nada por el estilo, sino lo que se conoce como "siesta nórdica", que consiste en dejar a los bebés en sus carritos durmiendo en la calle para acostumbrarlos al frío, y porque consideran que es beneficioso para su salud.

Pero esto iba de mascotas y también de un perrillo que una tarde esperaba pacientemente a su dueño en la puerta de la carnicería, en la cálida Murcia que antes mencionaba, y de la que le podía caer a su dueño en el caso de pasar por allí algún agente de la ley, conocedor de la Ley de Bienestar Animal que prohíbe a los dueños de mascotas dejarlos atados en la entrada de lugares públicos, y que además de cuarto y mitad de solomillo, acabaría llevándose de recuerdo la correspondiente multa por su osadía: "Así lo indica el apartado d) del artículo 27 de la ley, artículo en el que se específica que queda prohibido mantener a los animales "atados o dejados sin supervisión en áreas públicas, sin la presencia constante de la persona responsable de su cuidado y comportamiento". Además, esto se considera una infracción de cierta gravedad que lleva consigo una multa. Concretamente, según el artículo 73 de la ley, se considera este acto una infracción de nivel bajo, lo que significa que podría conllevar una multa que oscila entre 500 y 10,000 euros"

Vete a Kaunas y cuéntales esto, ¡A ver qué les parece!

Claustro de la Facultad de Derecho. UM. La Escuela

Pero no os engañéis con este relato desenfadado, no pretendo frivolizar sobre las leyes protectoras ¿Cómo no voy a estar de acuerdo en proteger a los más vulnerables de la sociedad? Los bebés, los hambrientos, los sin techo, los ancianos, los enfermos, los pobres, los pobres de necesidad, los animales, y todo aquel o aquello que requiera ser protegido. Con lo que no estoy de acuerdo es con normativas sectarias que apabullan y encorsetan a la sociedad, como tampoco con aquellas que se hacen a la medida de individuos concretos, para su provecho. 

La sociedad, nosotros, nuestros hijos necesitamos más, mucha más, tolerancia, afectividad, empatía, caridad y educación y no tanta norma que piensa por nosotros, nos estabula y cuadricula, dejando en un cajón, cada vez más pequeño, la posibilidad de decidir libre y voluntariamente, en el respeto a los demás.