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martes, 5 de mayo de 2026

El E-Book

Seo de Palma. Modo Kindle

Hace unos cuantos Reyes, me trajeron un libro electrónico, el Kindle de Amazon. Una solución cómoda para acumular libros sin tener que buscarles acomodo en las petadas librerías, en las que por no caber, no cabe ni polvo.

La solución ideal si te gusta leer sin tener que apilar libros por los rincones. Todo ventajas: tiene un tamaño muy amanoso, y le caben libros como para cuatro vidas y media sin parar. Como a veces me pongo en plan obsesivo, gracias a y por culpa de mi amiga Pilarín, tras una lista de espera considerable, accedí a un grupo de Whatsapp que se llama La Biblioteca del Barrio, con mil y pico miembros que día y noche suben libros incansablemente. 

Y esa fue mi perdición, durante tres meses... o cuatro, me dediqué a descargarme todo lo que se movía, a mitad de ese periodo, empecé a ser un poco más selectivo, porque como diría Rocío, "no me daba la vida": archivar, clasificar, por nombres primero, por autores después y además pasarlos al formato adecuado para leerlos en el Kindle. ¡Un sin vivir! Dejé de leer, y casi dejo de hacer cualquier cosa que no fuera acumular y acumular ejemplares. Y así, unos cuatro meses como he dicho.

En ese tiempo alcancé la cifra de 938 autores, lo que a una media de solo 3 por cabeza, se va a los 3.000 libros del ala. Lo dicho: cuatro vidas y media sin parar. Ahí puse pie en pared y me salí del grupo agradeciendo los servicios prestados, aunque dejando algún miembro de la familia en el grupo, por que ¡nunca se sabe!

Amansada ya mi ansia recopilatoria, que no me llevaba a ningún lado más allá de considerarme a mí mismo un Diógenes digital, comencé a consumir lo que con tanto empeño conseguí reunir.

Y aquí viene la segunda parte de la historia. Los libros en papel, abultan, sí, pero son reconocibles físicamente, en el espacio, y en el tiempo. Cada vez que lo coges, lo sopesas, lo reconoces por sus tapas, acomodas la vista a su tipografía, se te muestra como algo único y diferente (Salvo que pertenezca a una colección en la que solo cambia el nombre de volumen) 

En el libro físico puedes pasar las páginas hacia delante o hacia atrás con la naturalidad que te da la costumbre. Si tiene unas tapas bonitas, hasta adorna. Lo tienes a la vista, te familiarizas con él, lo interiorizas, y cuando acabas de leerlo, te acuerdas del título de verlo cada vez en la portada, del autor, y al final ocupa un espacio físico en tu hogar, ganado por derecho propio, y en tu cabeza, porque la memoria es fundamentalmente visual (al menos la mía)

Seo de Palma. Modo Libro

El libro electrónico por lo general pesa bastante menos que el físico en la mayoría de los casos, puedes adaptar el tamaño de la letra en función de tu agudeza visual, por fuera es exactamente igual que el de tu vecino, da igual lo que estés leyendo. No da pie a que al verlo alguien te pregunte qué tal está; resulta sumamente confidencial. Tiene su iluminación propia que viene bastante bien para leer en la oscuridad si no tienes ojos de gato, y, lo mejor, en el mismo aparato caben los tropecientos ejemplares a los que me refería al principio, que si lo llenas a tope, lo mismo cabe la Biblioteca de Alejandría con papiros y todo. 

Es cierto que tiene innumerables funciones, la mayoría de las cuales desconozco y que seguro harán más ágil acceder a contenidos del ejemplar que estás leyendo; bastante que descubrí la posibilidad de invocar al diccionario para averiguar el significado de algunas palabras sin tener que salir de la trama. 

El inconveniente mayor que le encuentro, y algo he ido deslizando antes, es que termino uno y empiezo otro y ni me acuerdo del nombre, de la trama vagamente, y con el siguiente me pasa lo mismo, y con el siguiente también, sin llegar a empatizar con ninguno. Lo que he ganado en comodidad, lo he perdido en complicidad y singularidad. El libro físico es un todo, y el electrónico un compendio de narraciones. Al primero le coges cariño, si te gusta, y en todo caso respeto; al segundo, lo coges sin más.

domingo, 11 de enero de 2026

Un Inmigrante

Autobuses en Murcia

Hace que no cogemos el autobús en Murcia desde ni me acuerdo. Tenemos una tarjeta tricolor que en su momento adquirimos y que apenas usamos. Muchas veces, cuando vamos al centro nos la llevamos por si acá, pero al final siempre regresamos andando y no utilizamos el bus. 

Pero ayer, pajareando por el Corte Inglés, nos dieron más de las nueve y la vuelta a casa a nuestro ritmo, nos lleva media hora larga. Hacía fresquete y no apetecía nada emprender el largo regreso; total, como llevábamos la tarjetita, decidimos tomar alguno de los múltiples autobuses que llegan a nuestro barrio y hacer el trayecto cómodamente sentados.

Abordamos el primero que llega:

-Buenas, ¿pasa por Torre de Romo?

-Sí.

Pues arriba entonces. Como hace tanto de la última vez, no sabemos muy bien -ni muy mal- como funciona el asunto. 

-Hay que pasar la tarjeta por el lector -nos indica el conductor-. Obedientes, la pasamos y se enciende una lucecita roja.

-No tiene saldo. Al año, si no se usa, se desactiva.

-¿Y entonces, qué? ¿podemos pagar con dinero?

En estas estamos, cuando otro pasajero, un chico joven que nos había cedido el paso en la subida al autobús con una sonrisa de oreja a oreja y que estaba a nuestro lado presenciando la movida tarjetera, sin decir palabra, aproxima la suya al lector y la pasa ¡tres veces!

-Hala, ya está, dice y se va hacia dentro. 

Con la sorpresa nos cuesta reaccionar y cuando caemos en la cuenta de su gesto, el chico ya se ha perdido en las profundidades del autobús. Nosotros nos sentamos en la segunda fila que estaba libre y comentamos la jugada. Primero con sorpresa y después con gratitud. 

Un joven, del otro lado del charco grande -por su aspecto y acento-, de las Américas, que para unos descubrimos y civilizamos y para otros, también esquilmamos y masacramos. Opiniones hay para todos los gustos e intereses, y si no que se lo pregunten a la Leyenda Negra. Allí llevamos nuestra cultura, nuestro idioma y nuestra religión; creamos ciudades, fundamos universidades y erigimos catedrales.

Pues de allí procedía nuestro sorpresivo benefactor, al que pasados unos minutos, y tras el desconcierto inicial, me acerqué para agradecerle el detalle y ofrecerle una compensación para recargar su tarjeta, que enérgicamente rechazó sin perder la sonrisa y la afabilidad. Como pude, le introduje un billete en un bolsillo de la sudadera y con el eco de sus protestas regresé a mi lugar.

Al rato llegamos a nuestro destino y, ya en la acera, el autobús retomó la marcha y pudimos ver a nuestro joven amigo saludándonos y llevándose efusivamente el puño al corazón con la sonrisa en el rostro.

Y me pregunto, si cualquiera de nosotros, hispanos de pura cepa, en una circunstancia similar, habríamos arrimado nuestra tarjeta para que dos inmigrantes pudieran abordar un autobús. 

Por el camino recargamos nuestro bono para ocasiones posteriores, y el buen sabor de boca y la satisfacción de encontrar personas buenas por el mundo que sin esperar nada a cambio actúan con empatía y desinteresadamente, nos lo llevamos a casa.

sábado, 13 de diciembre de 2025

Seguros I

Santa Cilia (Jaca)

La Puebla de Don Fadrique I

La Puebla de Don Fadrique II

Pamplona 1

Pamplona 2

Cuando te dedicas a hacer fotos de todo lo que se mueve -y de lo que no, también-, pues pasa lo que pasa, que acabas retratando hasta las placas en las fachadas de las casas anunciando el seguro que las ampara. Bueno, o amparaba, porque las que traigo aquí son del año de maricastaña y seguro que ya no representan más que una curiosidad en la pared.

Años lleva este borrador en el tintero y seguro que desde entonces he foteado algunas más, pero no es cosa de empezar a indagar entre las miles de fotos almacenadas celosamente en mi archivo, que mejores cosas puedo hacer; así que como para muestra vale un botón, aquí dejo estas como retazos de una historia antigua, ni mejor ni peor que la actual, protagonizada por nuestros padres y nuestros abuelos, precursores de que ahora podamos contratar un seguro sin movernos de casa, pero que como entonces, no se resisten a dejar su placa recordatoria o intimidatoria junto a nuestra puerta. Los tiempos cambian...pero no del todo. 

Por ejemplo

P.D. Fotear es un verbo informal, principalmente de uso en América Latina (como Argentina, Uruguay, Honduras o Nicaragua) que significa fotografiar o tomar fotos a alguien o a algo, derivado de la palabra "foto" y el sufijo verbal "-ear".

jueves, 13 de noviembre de 2025

La Pataleta

 

Un día cualquiera que regreso a casa en el coche, me encuentro otro obstaculizando el vado de entrada al garaje. No pasa nada, seguro que es un cliente de la carnicería y sale cuando me vea. Pues no; estará muy embebido en sus cosas y no se da cuenta. Tras unos prudentes minutos de espera, paso a la segunda fase, la del conductor molesto que hace sonar el claxon para que el usuario se de por aludido y retire el vehículo.

Nanay, varias pitorradas después, algunos coches ya en cola para pasar por donde estoy taponando y unos cuantos vecinos asomados a sus balcones, el conductor sigue sin dar señales de vida. La cosa se empieza a tornar un tanto molesta para todos, menos para los vecinos entretenidos en sus balcones. Se me acerca un bienhechor y entendiendo mi cabreo in crescendo por no poder entrar al garaje, me sugiere que aparte mi coche a fin de despejar el paso para la cola, que qué culpa tienen ellos de que yo esté atascado.

Pues tiene razón el hombre, quito el coche de en medio y se despeja la cola. Como el Mengano sigue sin aparecer, me meto de lleno en la tercera fase de indignación y llamo al 092 para hacer partícipe de mis cuitas a la Policía Local. Le doy las explicaciones correspondientes a la amable telefonista que atiende la llamada, quien me pide el número de vado y me indica que pasa el aviso para que se persone una patrulla en cuanto pueda. Eso sí, si el coche se va antes de que lleguen, que vuelva a llamar para decirlo. 

Media hora después, ni el del coche, ni la patrulla, ni la madre... Así que subo a mi coche y después de muchas maniobras, consigo meterlo al garaje y me voy fumando en pipa. Hasta los vecinos de los balcones, aburridos, se habían vuelto a sus casas. ¿Llegó la policía antes que el Mengano, o lo hizo este antes, o no llegó la primera nunca? Ya no lo sabré, aunque cuando volví, al menos, el coche, ya no estaba en el vado.

Si hubiera intentado entrar al garaje desde el principio, aun con las dificultades de hacerlo, me habría ahorrado toda esta pataleta y al lector, tragársela. A veces, el orgullo, mejor te lo guardas.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Edificios III. New York

Pier a Harbor House. Nueva York


Manhattan Municipal Building. Nueva York

Ayuntamiento de Nueva York

Potter Building. Nueva York

Ayuntamiento de Nueva York y el City Hall Park

Woolworth Building. Nueva York

Campana de la Esperanza en la Capilla de San Pablo.
Nueva York

One World Trade Center. 1. Nueva York

Campana de la Libertad y One World Trade Center.
2. 
Nueva York

One World Trade Center. 3. Nueva York

Barclay Tower. Nueva York

Oculus Center. Interior. Nueva York

World Trade Center. Nueva York

Memorial Nacional 11 de septiembre. 1. Nueva York

Memorial Nacional 11 de septiembre. 2. Nueva York

Winter Garden Atrium. Brooklfield Place. Nueva York

Oculus. Estación del One World Trade Center. Nueva York

One World Trade Center. 4. Nueva York

Capilla de San Pablo. Manhattan. Nueva York

Reflejos. Nueva York

Oculos y One World Trade Center. Nueva York

Oculus y Winter Garden Atrium. Nueva York

Corbin Building. Manhattan. Nueva York

Marine Midland Building. 140 Brodway. Nueva York

Equitable Building y Marine Midland Building. Nueva York

Iglesia de la Trinidad. 1. Manhattan. Nueva York

Iglesia de la Trinidad. 2. Manhattan. Nueva York

Whitehall Building. Btttery Place. Nueva York

Aunque esta sea la tercera entrada dedicada a edificios emblemáticos de Nueva York, cronológicamente se ha convertido en la última, tras finalizar la identificación de los mismos. Han pasado ya siete años largos de la visita a Nueva York y la memoria, salvo para identificar los más emblemáticos, no da para tanto. Así pues, con la inestimable ayuda de Google Lens durante esta larga aventura, doy por concluida la saga dedicada a esta gran ciudad, aunque no por finalizada, porque nunca se sabe...

Edificios IV. New York

Archivo Municipal de Nueva York

Paramount Building. 1

Paramount Building. 2

Catedral de Nueva York

Iglesia Episcopal de San Bartolomé

Hotel Benjamín

Edificio Chrysler. 1

Edificio Chrysler. 2

Edificios Chrysler y Metlife

One World Trade Center

The American Copper Buildings y Empire State Building

The American Copper Buildings

Madison Square Park Tower y One Madison

Consolidated Edison Building

One World Trade Center

Rivera del Río Hudson

Edificio típico de apartamentos con las escaleras de incendios exteriores

56 Leonard Street

Palacio de Justicia en Nueva York

Center Street en el Centro Cívico en el Bajo Manhattan

Corte de Apelaciones de USA para el Segundo Circuito

Corte Suprema del Condado de Nueva York. 1

Corte Suprema del Condado de Nueva York. 2

Otra muestra del gran número de edificios oficiales, comerciales y de viviendas que conforman el centro de Manhattan en Nueva York, tantos, que se hace dificil elegir cual traer aquí y cuales dejar en el tintero.

Sobre las complejidades y el funcionamiento del sistema judicial  en Nueva York, nuestro sobrino y guía de excepción, Victor Hollenberg, que en aquella época trabajaba para la fiscalía, nos dio cumplida y completa información. Tan cumplida, completa y compleja que ya se fue diluyendo en la memoria. Menos mal que nos queda el recuerdo gráfico, y por supuesto, Victor.