domingo, 26 de julio de 2026

La Oreja De Van Gogh

Concierto de la Oreja de Van Gogh. Murcia 13.06.26

El 15 de octubre pasado La Oreja de Van Gogh anunció a bombo y platillo el regreso de Amaya al grupo, tras la trompicada salida de Leire, la vocalista titular y de otro de los miembros del grupo, poco conforme con los modos y maneras. El caso es que además de anunciar la vuelta de Amaya, también hicieron partícipes a sus fans y al mundo en general, que iniciaban una gira bajo el sugerente nombre de "Tantas cosas que contar". A ver, después de 30 años, alguna habría, digo yo.

El caso es que Rocío se informó e hizo un llamamiento familiar porque el 13 de junio, santo de mamá, ¡tocan en Murcia! y qué mejor celebración que reunirnos los cuatro para acudir a un concierto intergeneracional, de un grupo cuyas canciones hemos reproducido y cantado en el coche un viaje tras otro a lo largo de los años.

Hay que estar atentos para conseguir las entradas antes de que se agoten en el primer minuto ¡Ya te digo, como los viajes del IMSERSO! Así que cada uno con nuestro ordenador y al unísono, a la hora prevista nos lanzamos a la caza de las escurridizas entradas. Aunque varios conseguimos entrar en la página de venta, la que consiguió primero hacerse con ellas fue Blanca, ¡objetivo conseguido! El 13 de junio, contra viento y marea y pase lo que pase, ¡nos vamos los cuatro de concierto! y estamos en octubre, a 8 meses vista... Rocío, muy práctica ella, nos pone deberes desde ya: hay que refrescar el repertorio de La Oreja, para darlo todo en el concierto, así que con mayor o menor intensidad nos pusimos a ello durante estos meses.

Rocío como buena CAM que es, cada cierto tiempo calentaba al personal recordándonos la efeméride y los deberes pendientes. Ocho meses no son nada y pasan en un pis, pas. Mientras tanto, claro, nos fuimos poniendo al día de los dimes y diretes de la gira en cuestión, de la calidad de los conciertos, de la afinación de Amaya, del fervor de los acérrimos, del escepticismo de los escépticos, de los de Leire, de los de Amaya, en fin, que como suele ser habitual, nunca llueve a gusto de todos y aquí paz y después gloria, y algún refrán más que venga al caso, o no. 

Por fin llegó el 13 de junio y ahí estabamos los cuatro conjurados, preparados para un espectáculo apoteósico. La realidad es que entre críticas y alabanzas, La Oreja venía llenando estadios y plazas de toros en todos los conciertos hasta llegar a Murcia, y aquí no pudo ser menos: abarrotá!!! que diría el castizo, estaba la plaza de toros.  


Una a una fueron cayendo las archiconocidas canciones del grupo, y alguna que no tanto; allí cantó Amaya y hasta el apuntador. A grito pelado toda la plaza y saltando como locos, que daba gusto ver la coordinación del personal con los brazos, los móviles encendidos y cantando al mismo tiempo. Por supuesto, nosotros también; las niñas hicieron gala de su insultante juventud y fortaleza, dando botes, cantando e intentando al mismo tiempo que su madre y yo nos sumaramos a la vorágine tirando de nosotros como si no hubiera un mañana. Y a ratos lo consiguieron, ¡vaya que sí!, aunque más con su madre, todo hay que reconocerlo.

El concierto estuvo bien, sin entrar en detalles técnicos que al caso no interesan; lo que sí interesa y con lo que yo me quedo es el magnifico rato que pasamos en familia disfrutando como niños y valorando el regalo de estar  y seguir juntos en esta aventura que nos lleva por la vida. No me canso de agradecer, y aquí lo he hecho alguna vez, la suerte de familia que me ha tocado y con la que espero seguir compartiendo y disfrutando esas ocasiones de encuentro que surgen y que buscamos y que, al menos para mí, es lo mejor que me ha traido la vida: mi familia.

miércoles, 1 de julio de 2026

Un Pollito Aventurero

Mal sitio para un 30 de junio

30 de junio, Murcia, 13:00h. más o menos, 34º... a la sombra. Típico día murciano por estas fechas. Vuelvo a casa después de hacer unos recados en el coche con el aire acondicionado a 22º. Llego con cierta premura porque me acaban de notificar que Correos Express me ha dejado un paquete en Golosinas El Ratoncito Pérez, después de que ayer erraran el tiro, y Amazon está al caer con otro encargo, que lo mismo llega ahora o a las 8 de la tarde.

El pajarerío habitual por la zona, a baja cota, suele estar compuesto por infatigables gorriones, tórtolas amorosas, palomas despistadas y mirlos cantarines, así que cuando al llegar a la puerta del garaje veo de reojo en la baca de una furgoneta una cola que no me suena a ninguno de los anteriores, sin pensármelo dos veces, dejo el coche tal cual en la entrada del garaje y armado con el móvil, me voy para la furgoneta. La cola sigue allí pegada a un pájaro que reconozco como un cernícalo vulgar (o común, según gustos)

Intrépidamente me acerco camuflado detrás de un árbol y le hago una paupérrima foto en la distancia. Envalentonado con mi éxito, me acerco disimuladamente por detrás del árbol para intentar algo mejorable desde más cerca y ocurre lo que era de esperar: abre las alas y se da un vuelo hasta la copa de un naranjo cercano. El coche sigue arrancado en la puerta del garaje y no me parece prudente alejarme más, así que vuelvo al mismo y entro en él antes de que se vuelva a cerrar la puerta.

Como me ha parecido que el animalito andaba un tanto desorientado, me he dicho a mí mismo, ¿porqué no volver a intentarlo? así que subo la compra a casa, cojo la cámara de los pájaros que estaba cargando y vuelvo a bajar con la esperanza de que siga allí. Pero no, en la copa del naranjo, lo único que veo a través del teleobjetivo, son un puñado de hojas. Ni rastro del cernícalo. Eso sí, en el portal de al lado del naranjo, veo a una señora motera con el casco puesto, a una abuela con su nieto y al dueño de la tienda de peces de la esquina mirando todos hacia el portal y... la señora del casco con el móvil en ristre haciendo fotos. Así que como dos y dos son cuatro, me vuelvo a decir a mí mismo: ahí está el pájaro; y efectivamente, ahí estaba el pájaro, muy quieto, en un rincón al lado de la puerta, con el ojo de este lado muy atento al personal (que ya éramos unos cuantos), ni se cantea.

Antes de entrar en más conversaciones, yo a lo mío: le hago unas cuantas fotos para la posteridad y con mi objetivo conseguido, vuelvo a interaccionar con los reunidos: ¿qué hacemos? dice la abuela del niño. La del casco no dice nada, solo sonríe desde dentro del casco y hace fotos. A alguien habrá que llamar insiste la abuela, hay un centro de recuperación de aves en La Alberca, dice. Y es cierto, pero échale un galgo para localizar a ese alguien. Podemos llamar al 112 sugiero, y que ellos deriven el asunto a quien corresponda. Ah! pues sí, dice el de la tienda de peces, y como es el más cercano al tema animales, toma la iniciativa, llama, da las explicaciones oportunas, se identifica él y el sitio y quedamos a la espera.

Un pájaro con suerte

Aunque estamos a la sombra, hace calor, sale un vecino con un carrito de bebé y el pajarito ni se inmuta. Lo mismo nos deja cogerlo apunta el de los peces. Pues sí, colaboro yo, vete tu a saber cuando va a venir alguien para hacerse cargo de la situación. ¿Y si lo intentamos coger? Pues vale; el pecero se va a la tienda y regresa con una caja de cartón de buen tamaño y unos guantes de jardín por si el pico y las garras de la criaturita cuando intente echarle mano. Aunque esté mal decirlo, me hago cargo de la dirección de la operación. El pecero se acerca poco a poco hacia el pájaro y le indico: ve a por él con decisión, si dudas al acercarte, se va a escapar; dicho y hecho, el pecero le echa mano antes de que pueda decir ni pio, y yo con la caja abierta y preparada le ayudo con el remate ¡objetivo conseguido! 

Sin despedirnos del respetable (que se disuelve mientras nos alejamos) nos vamos con la caja hasta la tienda, y ya en su interior, sofocamos un conato de rebeldía y acomodamos a nuestro amigo a la espera de que alguien venga a hacerse cargo. El pecero queda como custodio y yo me voy con la satisfacción del deber cumplido, con mis fotos y con la curiosidad de conocer el desenlace. Así que esta tarde bajaré a la tienda para conocer el final de la historia.

Si te gustan los peces, este es el sitio

... Y a las 18:00h., también más o menos, y con mucha curiosidad, me he ido a la tienda de peces a preguntar por el pollito. Allí estaba el dueño, con sus peces, pero sin la caja/cobijo que habíamos improvisado. Y aquí viene la parte de su historia:

Le habían llamado los recuperadores de aves preguntándole de qué iba la cosa y como al parecer, están muy desbordados de trabajo, no le podían asegurar recoger al animalito antes de dos o tres días, ya que tenían entre manos temas mucho más importantes y urgentes que ir a recoger un triste pollo de cernícalo vulgar ( Encima eso, vulgar) El caso es que el pecero, como buen amante de los animales se ofreció a llevarlo al cerrar la tienda, al centro ese de recuperación de aves de La Alberca (Mucho nombre pero pocas nueces, digo yo)

Allá que se fue el buen hombre y tuvo la suerte de encontrarse al llegar con una furgoneta de recuperadores que se ofrecieron a hacerse cargo de la criatura. Según me cuenta que le cuentan, hay varios nidos de cernícalos por los alrededores de nuestro barrio y, al parecer, nuestro pollito aventurero se había ido a conocer mundo una semana antes de tiempo, y claro, entre los calores y la inmadurez, había acabado en el portal donde lo encontramos.

En cuanto madure un poco, seguro que lo tenemos de nuevo por los alrededores vigilando desde sus atalayas con esos ojazos, sin necesidad ya de que unos buenos samaritanos le echen el guante y lo metan en una caja. 

Si hubiera sabido el poco interés que nuestro amigo había despertado en los defensores de la fauna... jurado, me lo quedo!!!!!

Y el de Amazon no llegó... se habría encontrado con los recuperadores... todos ellos tan atareados...