martes, 30 de septiembre de 2025

Personajes. New York

Enredo ceremonial

Terraceo en Lincoln Center

Pascua. 1

Pascua. 2

Pascua. 3

Pascua. 4

5 perritos... a la vista

Fumador

Activistas

Procesión

Frutero

A todo color

Músicos en Bethesda Terrace. Central Park

Muy divertida la celebración de la Pascua en la Catedral de San Patricio, originales y típicos personajes por las calles neoyorquinas, manifestantes, disfrutones de terraza, transportistas de perros, novios atareados y hasta una humilde procesión con Cristo acarreando su cruz rodeado de legionarios romanos. Lo mejor, los músicos de la Terraza Bethesda.

domingo, 28 de septiembre de 2025

La Gravedad

 



Pues sí, en esto cavilaba yo esta mañana en la cama. Tumbado boca arriba mirando al techo y con las manos en la tripa, en el socavón (leve) pero socavón, que se forma en esa zona cuando acaban las costillas. Como que todo el triperío interno se encuentra convenientemente desparramado por mi interior, y en el exterior, si no una tableta de chocolate, al menos no se advierte barriga más o menos prominente.

Esto pensaba tanteándome la tripa y la hondura del socavón, cuando se me ha ocurrido que no sería mala cosa instalar un espejo en el techo que reflejara esta realidad mañanera para empezar el día como más empoderado, y eso. De esta forma, cuando me levanto y me miro al espejo para ver lo que la maldita gravedad está haciendo con mi cuerpo, tirando insistentemente de todo hacia abajo, incluido el triperío del que antes hablaba y que conforma una imagen, cuando menos poco satisfactoria, el recuerdo de la imagen reflejada en el techo, contrarrestaría en algún modo la segunda, manteniendo mi autoestima corporal dentro de unos parámetros soportables para la dignidad.

Esto del "cuerpo-escombro" no es algo nuevo, no, pero lo que no es de recibo, es que a medida que pasa el tiempo, cada vez hay más escombro y menos cuerpo. Este verano he tomado conciencia seria de este hecho cuando me he visto en un video grabado por mi querida esposa, en el que con la gracilidad de un pingüino cojo me sumergí en una poza del río Ara y emergí con las carnes prietas del frío, pero con la misma imagen que me devuelve mi espejo por las mañanas, además de mojado y tropezando torpemente para salir... todo fruto de la maldita gravedad.



Un inciso en mi triste regodeo. Otra cosa que no acabo de asimilar, es lo bien que me reconozco frente al espejo y lo familiar que me resulto (me refiero únicamente a lo que vienen siendo la cabeza y la cara) en esa posición, y el desconocido enemigo que descubro cuando alguien me retrata de espaldas, o más concretamente, con la coronilla en primer plano. Directamente, no me reconozco, no tengo ni idea de quién es ese fulano. Eso es un golpe bajo, muy bajo, para la autoestima en general y capilar en particular. Y ahí lo dejo.  

Para intentar ralentizar todo este derrumbe y que la masa de la Tierra me atraiga con más misericordia, yo intento poner algo de mi parte. Lo que buenamente puedo. Que seguramente no será ni de lejos, lo que debo. Pero ahí estamos. Mis hijas, que me quieren y se preocupan por mi bienestar, la han tomado con los ejercicios de fuerza y sus efectos benéficos para todo lo que viene siendo el cuerpo humano. Me envían vídeos motivadores, me cuentan de ancianos decrépitos poniendose a tono en sus respectivos gimnasios... Yo no soy de gimnasios, qué se le va a hacer; soy más de aire libre y de horizontes despejados. ¡Suéltame en el campo y ya verás! les digo siempre. 

En el fondo de mi ser, ahí, hundida por la gravedad, una vocecilla me dice que las chiquillas tienen razón y que algo hay que hacer para mantener, al menos, la dignidad. Y por eso, desde hace ya un par de años, vengo haciendo una rutina matutina de ejercicios de movilidad de articulaciones, estiramientos y algunas tandas de abdominales en la cama. En la cama, sí, que parece que sea de coña, pero si hubiera puesto que lo hago en el suelo sobre una colchoneta, a todo el mundo le parecería más serio. Pues no, en la cama, porque los ejercicios son los mismos que en la colchoneta, pero dónde va a parar lo duro que está el suelo comparado con el colchón. Así que sí, en la cama y todos los días.

Me falta meterle mano con más intensidad a lo de la fuerza y que me acompañe y eso, como en la Guerra de las Galaxias, que a poco que me lo proponga, me voy a poner como un torete antes de los setenta. Y lo dejo aquí, que voy a tomarme un ibuprofeno, por un pinchazo en las lumbares dándole la vuelta a un colchón.

¡No somos nadie!

sábado, 3 de mayo de 2025

Fundido a Negro

Entre San Pedro Chanel (que suena a perfume) y San Pánfilo de Corfinio (que suena... a lo que suena) y unos cuantos santos más, echó a andar el lunes 28 de abril de 2025, como un lunes más tras el descanso dominical.

Para mí comenzó allá por las 7:30 de la mañana con mi tabla de estiramientos matutinos en la cama, cuando ya había transcurrido más de un cuarto de día, que para muchos seguro había empezado antes.

El mundo seguía ahí como pude comprobar al levantar el estor grande del cuarto de estudio, como todos los días, y la maquinaria de la obra del solar de enfrente, a pleno rendimiento sonoro en su empeño de excavar los cimientos del edificio que inexorablemente nos dejará sin la mitad de las vistas de la Sierra de Carrascoy, desde la Cresta del Gallo hacia la izquierda según se mira.

Ducha, desayuno y trabajo matutino, todo seguido. Prensa digital, la muerte del Papa y las quinielas para el Cónclave como cabeza de cartel, y los típicos dimes y diretes de los políticos a costa de la asistencia de unos y otros al funeral, el selfie de las ministras y la icónica foto de Zelenski y Trump limando asperezas en la casa del difunto.

El día continúa y una visita al super se hace necesaria. Siempre hacen falta cosas para comer, así que se impone una salida rápida "al" Mercadona para reponer efectivos.

Transitando el pasillo de los congelados, los precocinados, la carne y el cortador de jamón, ¡PLUF! (así me sonó a mí) se fue la luz... 3, 4 segundos y enseguida regresó; no toda, los lineales siguieron a oscuras, pero todos seguimos a lo nuestro. Acabé mi compra, pasé por caja, pagué con tarjeta. 

-Se irá la luz, pero esto no deja de funcionar (dijo entre risas la cajera señalando el datáfono) Según mi tique de compra, eran las 12:42 del mediodía.



Había transcurrido ya más de medio lunes 28, seguramente el que le tocaba a San Pedro Chanel, y lo que restaba de jornada era el turno de San Pánfilo. Y con San Pánfilo comenzó mi fundido a negro.

En la puerta esperaba un señor con su carro, (ensimismado en su móvil) a que llegara el ascensor, que no llegaba, porque no funcionaba. 

- Aquí esperando al ascensor, no funciona

- Yo no creo que vaya a funcionar pronto, me voy con mi carro por la entrada de vehículos

- ¿Es que se puede bajar con el carro?

-Supongo que sí, tiene ruedas, igual que los coches (Un poco borde mi respuesta, lo se) Y con las mismas salí por la puerta y enfilé hacia la rampa del garaje, viendo de reojillo que el fulano se lo había pensado mejor y venía detrás.

El primer contratiempo lo salvé con éxito, bajé la rampa, cargué mi coche y regresé a casa con un tráfico comedido y ausencia total de semáforos, pero el sol brillaba en lo alto en un bonito día primaveral, así que llegué a casa tan tranquilo.

Pero, ¡Ay amigo! Al llegar a la entrada del garaje, un coche parado. 

- No funciona el mando, me dice Justino. 

No hay luz en el edificio, ni en la calle, completa Diego, un vecino del primero que está hablando por teléfono con Mari Luz, su mujer, que asomada al balcón, (a cinco escasos metros) termina la información, 

- Ni en Murcia, ni en Molina, ni en Alicante... 

Diego, que tiene de todo, echa mano de la llave del garaje y abre la puerta al estilo manual, esto es, al empujón despacito para no cargarse el sistema y Justino y yo bajamos nuestros coches a la boca del lobo.

Justino, con una pierna que le da mucho la lata, sube refunfuñando la rampa, y yo, cargado como una mona, (Quién me manda comprar tanto) me subo los cuatro pisos desde el garaje hasta mi casa, a donde llego con la lengua fuera, pero llego. 

Con las mismas vuelvo a bajar, Rocío tiene revisión en el oftamólogo después de comer, y en previsión de que no llegue la luz y la puerta del garaje se atasque, saco la moto y la dejo en la acera. A estas alturas, ya había echado un vistazo al móvil para conocer el alcance del apagón y ya sabía que estaban afectadas España y Portugal, amén de parte del sur de Francia, y que muy probablemente los franceses eran los culpable por un incendio en una estación eléctrica.

En estas que llegan al garaje mis vecinos Pepe y Encarna. Él en el coche y ella fuera, nerviosa, 

- Se ha ido la luz en todas partes, !en el mundo! 

El corrillo que estamos allí la intentamos tranquilizar, su marido la llama al coche y ambos se meten en la boca del lobo (No funcionan ni las luces de emergencia y para más inri, se ha cortado el agua porque las bombas han dejado de funcionar con el apagón)

Por si, sí o por si no, compro dos garrafas de agua en la carnicería donde Miguel Ángel y Encarna están mano sobre mano con cara de circunstancias. ¡Menos mal que tienen un grupo de emergencia y las cámaras están a salvo! A mi lado, Mercedes, del quinto, ha bajado también a por agua, dos garrafas que intenta meter en su carro de la compra, dispuesta a tirar de él hasta su casa. Mercedes está estupenda, pero es aún mayor que yo y vive dos pisos más arriba. Le ofrezco que me espere en el portal mientras subo las mías y bajar a por las suyas a continuación, pero no hace falta, 

- Yo te las subo Mercedes, no tengo otra cosa que hacer

Encarna, que es bastante más joven que nosotros, e infinitamente más fuerte, sale del mostrador, coge las garrafas y enfila la escalera camino del quinto sin despeinarse. Yo la sigo a duras penas y me despido de ella resoplando cuando llego a mi piso, mientras oigo a Mercedes pelearse con el carro vacío un piso más abajo. SOLIDARIDAD con mayúsculas. ¡Ole por Encarna!

En casa está Marga intentando rematar la limpieza de la casa como puede y preocupada porque la lavadora se ha quedado a medias. 

- No pasa nada, le digo, 

- cuando vuelva la luz la volvemos a poner, y no tires el cubo de agua, que la podamos usar en el cuarto de baño.

Rocío está en Enjoy y Marián en la piscina. Con la primera consigo hablar y aunque no hay luz, ella sigue a lo suyo en el gimnasio. Intento hablar con el resto de la familia, pero aunque hay señal, solo lo consigo con Cristina que está en Portugal y se ha quedado también a dos velas. Todo tranquilo en la familia según me dice.

Me voy a la piscina a buscar a Marián, más que nada para que no tenga que subirse la escalera tirando de la maleta donde lleva su equipo de baño. Pregunto por ella y el socorrista, que es amigo suyo, me deja pasar e irrumpo en mitad de la sesión de aquagym, donde tras los saludos, les cuento como está la cosa y deciden acortar la clase para irse. 

Mientras espero a que salgan, vuelvo a intentar conectar con la familia sin mucho éxito y navego un rato por internet, a ver si logro enterarme un poco más de lo que está pasando. Poca información, y los franceses siguen teniendo la culpa. 

Al llegar a casa, sobre las 14:00, coincidimos con Rocío y desistimos de ir al hospital a la revisión de las 15:30, porque según las noticias, los hospitales aunque funcionan, solo están atendiendo urgencias y operaciones y ya se va deslizando que el apagón va a ir para largo. Vuelvo a meter la moto en el garaje, y vuelta a la escalera por tercera vez, esta vez sin carga, que la maleta se la ha subido Rocío con la gorra, que para eso venía del Gym.

Marga ya se fue, y acostumbrada como está, ha vaciado el cubo de agua en un water y la cisterna correspondiente, dejándonos con una sola carga en el otro cuarto de baño y las dos garrafas que subí, para todo lo que se tercie. Una de cruz, ¡qué se le va a hacer!

No hay cruz sin cara, y como en casa tenemos gas para la caldera y la cocina, y por la mañana había puesto unas lentejas, solo hubo que calentarlas y ¡a comer! con unas almejitas que me había traído de Mercadona para Rocío de aperitivo. ¡Éxito total! comida caliente gracias a la bendita encimera de gas.

Durante la siesta, se fueron desvaneciendo los datos de los teléfonos y quedaron para linternas y poco más. Ahí entraron en juego las radios a pilas. En casa tenemos operativas dos radios enchufadas a la red (que están preparadas para pilas, pero no las llevan) y otras dos más pequeñas que sí tienen pilas y que fueron nuestros oidos al mundo a partir de esa hora. 

Noticias, noticias, lo que se dice noticias, muchas no había. Más allá de conexiones dificultosas con distintos puntos de la península para contar más o menos lo mismo: rescates en ascensores, trenes parados en mitad de los campos, ciberataques sí, ciberataques no, entrevistas a expertos en el mix eléctrico y las causas que habrían podido provocar el apagón, y un anuncio: el Presidente iba a realizar una comparecencia a las 17:15 para poner al día a la Nación (Bueno, al País, que viene a ser lo mismo, pero en progresista)

Llegaron las 17:15... 17:30... 17:45... y por fin, pasadas las 18:00 hubo comparecencia, que vino a ser como un resumen de lo que ya todos sabíamos, que la luz se iba a restablecer en un plazo de ocho a diez horas contando desde cuando se fue, que se iba a investigar la causa para que esto no volviera a suceder nunca más de los jamáses y, muy importante, solo atender a las noticias proporcionadas por medios oficiales, y blablablá, blablablá. 

Sorprendentemente no se produjo ninguna notificación de medios oficiales, al menos que yo oyese, y los esforzados radioyentes seguimos nutriéndonos de las noticias que los no menos esforzados trabajadores de la radio en una maratoniana jornada, nos iban haciendo llegar. 

Como el sol jugó a favor, y al menos en Murcia hizo un día magnífico, la tarde invitó al paseo a falta de otra cosa mejor que hacer, allá que nos fuimos. Las calles más vacías de lo habitual, tanto de peatones como de tráfico. Alguna pareja de municipales regulando el tráfico en algún cruce conflictivo. Motos y coches policiales circulando con parsimonia, conductores cuidadosos respetando los pasos de cebra, los cruces, los cedas, los stops... Nadie con prisas... parecía un domingo por la tarde con partido gordo de futbol por la tele.

Una curiosidad, frente al cierre prácticamente total del comercio, los "chinos" y los bazares se encontraban a pleno rendimiento. De primeras no entendí el motivo, pero en cuanto vi salir algunos clientes con pilas, linternas, velas y algún camping gas, no tuve más que entender. A mí no me cabe en la cabeza no tener velas, radios y pilas, amén de algún otro artículo, que sin llegar a conformar la mochila de emergencia recomendada por la Unión Europea, nos salva de circunstancias puntuales como esperábamos que fuera la del lunes.

Un único lunar: la imprevisión con el agua. Normalmente, cuando se va a producir un corte, recibimos un aviso con antelación para hacer algún acopio, pero esta vez fue de sopetón, sin aviso previo, y claro, me pilló el toro, con el remate del cubo y la cisterna vaciados antes y con tiempo que diría mi madre.

Imprevisión mayor, de tirarse de los pelos, porque en la terraza tengo un bidón de 25 litros, que siempre ha estado lleno, pero que, por lo que sea, debí vaciar para enchufar un desagüe del aire acondicionado y no volví a rellenar cuando lo quité. ¡Mea culpa! Ya está llena la garrafa, por si, como vaticinan algunos, esta gracia se vuelve a repetir próximamente.

Y llegó la noche, las primeras sombras empezaron a caer sobre las 21:00 y fue el momento "recolecta de velas y palmatorias" por la casa. No estuvo mal, encontramos bastantes y el salón quedó de lo más cuqui con tanta lucecita. Entre las velas y las linternas que hay por la casa, la transición a la noche resultó de lo más agradable, ya, con la casi certidumbre de que la luz venía de camino y se iba recuperando progresivamente en muchas zonas de la Península. Asomados a las ventanas vimos como todo se volvía negro en la calle, alguna luz de un vecino bajando aprisa la basura, y poco más. Todo negro, negro, salvo alguna luz parpadeando en la subida a la Cresta del Gallo, que hay gente para todo.

- ¿A qué hora cenamos? 

- ¿Esperamos a las 22:00 por si, como dicen ha vuelto la luz, o nos trasladamos con las velas a la cocina?

Rocío estaba asomada a la ventana del salón

- ¡Se han encendido las farolas!

Se oyó como un clamor a través de las ventanas, como cuando meten un gol en la final de la Champion, pues parecido. Poco a poco fueron encendiéndose luces en los alrededores, abrí el grifo y comprobé que ya teníamos agua. Seguían encendiéndose más edificios mientra el nuestro seguía a oscuras... y de repente, se encendieron las luces en casa. Un suspiro de alivio ¡Ya está! volvemos a la civilización. Sin electricidad no hay vida... al menos como la conocemos y la vivimos.

P.D. Poco a poco los teléfonos volvieron a la vida, el wifi, los datos, la tele, las noticias... y los transistores, las linternas y las velas volvieron a sus cajones. Hablamos con la familia. Y mientras tanto, los políticos en sus cosas.

martes, 11 de marzo de 2025

El Pastillero

Hace muchos años que aprendo trucos y recetas con Arguiñano cuando me pilla en la cocina haciendo la comida. Por cierto, hace unos días aprendí a trocear setas a mano en tiras y salen fenomenal, tenéis que probarlo. A lo que iba, que me disperso; despues de Arguiñano llega la Ruleta de la Suerte, que lleva en emisión tanto o más que Arguiñano y ahí, entre panel y panel suele haber uno que se llama: "Un día eres joven y al otro..." 

...te encuentras rellenando un pastillero los domingos por la noche"... Eso, exactamente eso se me vino a la cabeza cuando el presentador anunció el panel con una sonrisa de oreja a oreja entre el aplauso del público. No es ninguna tragedia, es la constatación de una realidad, !Y dando gracias, oiga! Porque eso significa que ahí seguimos, manteniendo lo mejor posible nuestra calidad de vida, aunque sea a costa de un número cada vez más numeroso de píldoras.


En 2010 ya estaba yo con estos trajines, como se puede leer en este post: Una Píldora, aunque por entonces mis afanes iban por otros derroteros, que 15 años después se han hecho realidad a medias, pues aunque aún no puedes ir a la farmacia a por una sola píldora en la que se incluya toda la medicación diaria, o semanal o la que quepa, sí que es verdad que ahora, creo que previo pago, te individualizan la medicación en la medida de lo posible.

Me gusta el término píldora, que lo usaba mucho mi buen amigo Emilio cuando echaba cuentas de las que se tomaba, porque siempre me trae a la memoria la canción de Mary Poppins en la que les dice a los niños: "Con un poco de azucar esa píldora que os dan, la píldora que os dan, pasará mejor", y me retrotrae a mi tierna infancia con Peter Pan, Mary Poppins, Chitty Chitty Bang Bang, o el Libro de la Selva, y se hace mucho más llevadero el pastilleo diario.

Así pues, no es para tomar a tragedia el asunto, ya que este implica varios factores que refuerzan la actividad mental, a saber: comprar un pastillero, que sea adecuado a tus necesidades (no es lo mismo si tomas píldoras por la mañana y por la noche, a si también lo haces al mediodía), tener al día la receta (electrónica, o la que sea), surtirte adecuadamente de material en la farmacia, desplegar dicho material sobre la mesa (de la cocina, o de donde mejor te parezca), extraer las píldoras de los blisteres en la cantidad necesaria, y pasar al relleno metódico de los compartimentos correspondientes del susodicho pastillero hasta completar el alijo semanal. 

Una cosa más: recién terminas (que dirían nuestros compadres latinoamericanos), tienes que comenzar de nuevo, porque la semana se ha pasado volando.


domingo, 8 de septiembre de 2024

Las Rodillas

No me tengo por un agonías, pero por lo que me transmite mi entorno, parece ser que un poco, lo soy. Y tampoco es tema para discutir, así que algo habrá. El caso es que a lo largo de mi vida jamás me he preocupado por el estado de mis articulaciones, total, siempre han funcionado a demanda, sin un problema... salvo cuando se me salió un hombro en una atracción de feria allá por mi juventud y cuando repetí jugada en una caída en el monte ya más mayor. Salvo eso, nunca he tenido queja alguna... bueno, cuando era más chico tuve un derrame sinovial en una muñeca, que me obligó a lucir muñequera durante algunos años, hasta que aquello se solucionó por aburrimiento, supongo.

Mejor vuelvo al presente, no vaya a ser que me acuerde de más episodios articulares y no resulte la cosa tan idílica como planteaba al principio del párrafo anterior. Vuelvo al tema, las rodillas. Pues bien, sí que es cierto que progresivamente a lo largo de los últimos años, algún problema han ido dando, e incluso caí en manos de un entusiasta cirujano que me practicó una artroscopia en la derecha, por no se que historia de los cóndilos y repelar los cartílagos... en fin, que me propuse no repetir experiencia salvo necesidad extrema. y hete aquí que hace unos meses cumplí los 65 y por algún malévolo motivo se han enterado y han dicho ¡Aquí estoy! 

No es que lo hayan dicho con la boca, que no tienen, sino más sutilmente: la cosa comenzó tras una reparación de una línea portagoteros, que requirió revolcarse por el suelo en posiciones complicadas, haciendo fuerza con todo mi cuerpo, incluidas las rodillas, para sacar el maldito tubo roto y hacerle un torniquete provisional. Al día siguiente, la rodilla de los cóndilos y sus cartílagos repelados, comenzó a dar guerra en forma de clavo hundido a martillazos por debajo de la rótula a cada paso que daba. Por si sí o por si no, aguanté un par de meses con los dolores, por si se iban como habian venido, pero no. Así que acabé en urgencias donde un doctor muy amable me hizo un reconocimiento para decirme que roto, roto, no había nada, que algún menudillo de la zona estaría inflamado y provocaba los dolores y que para salir de dudas, pidiera hora con el traumatólogo para que me hicieran una resonancia y salir de dudas. Y tan contento que me fui de saber que no había nada grave -a estas alturas de la vida, una gran noticia-. Aún no he pedido la cita.   

Esto ya se está alargando innecesariamente con tanta batallita. El caso es que debo confesar, que desde hace un tiempo, no soy dueño de mis rodillas. Tal cual. Mi cabeza les dice de hacer y ellas ni puñetero caso, o muy a regañadientes. Me he vuelto ortopédico total y estoy horrorizado del motín que me está organizando mi propio cuerpo. Lo curioso es que hablas del tema con tus próximos (en edad) y ¡resulta que es tema común! El refrán dice que "mal de muchos, consuelo de tontos" y es cierto, no me consuela nada.

¿Qué hacer para intentar revertir o al menos ralentizar esta rebelión? Lo primero, escuchar a tus próximos y utilizar sus conocimientos sobre la materia para intentar aplicarlos en mí mismo; lo segundo buscar algún tipo de tutorial especializado en el tema; lo tercero y fundamental: hacerlo. Y en esta fase estoy ahora, para ver si en un tiempo, cuando mi cabeza les pida algo a las rodillas, estas respondan de modo razonable y sin remolonear demasiado. 

P.D. Este es el tutorial elegido para intentar recuperar mis rodillas:


 

domingo, 12 de mayo de 2024

Coneja con Gurullos

No dejes para mañana...

Buenos días a tod@s, esta mañana me he levantado a una hora prudencial, -en la que Domingo Antonio y Lola, no solo se habrán repuesto de nuestra invasión sabatina, sino que la una habrá puesto en solfa la casa y tropecientas cosas más, y el otro estará finalizando su interminable lista de tareas agricola-ganaderas-, con la necesidad de decir lo siguiente, sin que sirva de precedente. 

Y es lo mucho que disfruto en estas jornadas de esparcimiento gastronómico-festivo, en las que lo más importante son esos magníficos personajes que he conocido gracias a mi magnífica esposa, y cuya amistad (vamos, que me soporten), espero conservar hasta el fin de los tiempos, al menos de los míos, claro. Ayer disfruté como un enano del hábil corte infligido por Jesús con precisión quirúrgica a los embutidos y quesos de los que llegaron provistos los Cuatro Fantásticos y a los que les quité la sombra (del coche) a cuenta de un Caracol y un Conejo de caza mayor. 

Lola, siempre al quite, incansable y eficaz, nos regaló el paladar con un guiso buenísimo del que formaron parte, entre otros, una coneja y unos "gurullos" (palabra nueva para mi acervo personal), dando forma y sabor a una receta típica del poniente murciano y oriente almeriense, que le salió redonda. Como redondo le salió el flan de café (descafeinado, por supuesto), y que, a mi humilde entender, siempre se queda pequeño de lo bueno que está. Por rematar la parte gastronómica de la jornada, destacar las refrescantes aportaciones de Ana y Juan con sus propuestas de gazpacho casero y ensalada de piña (escasas también, dada mi glotonería desmedida), que pedían repetición a gritos.

Salpimentando el menú, pero no por ello menos importantes, las almendras fritas, las empanadillicas de bocado, las cervecicas frías, los vinos de colores, la sandía reventona y refrescante… una mención rápida a la panceta ibérica salmantina que Jesús me puso delante y a la que no pude resistirme…, y el remate del café en esas tacitas coquetonas de colores con el tamaño justo para tomarte un par de ellas tan ricamente con un trocito -lo digo en singular eufemístico- de madalenón. 

Dicho lo anterior, para mí, como se habrá podido inferir de las líneas anteriores, aún siendo importante la componente gastronómica de la jornada, aunque esta hubiera consistido en bocata de tortilla con pimientos y agua de la fuente, me habría compensado igualmente por la parte festiva de la misma como decía al principio. Porque festivo es compartir con vosotros penas y alegrías, repasar el huerto fresa a oliva, almendra a cebolla, breva a tomate, árbol a árbol, pollo a conejo con Domingo Antonio a quien se le hace los dedos huéspedes entre sus tesoros y sus ojos brillan de un modo especial cuando te cuenta de sus cosicas. 

Con Quitina, especialista en renacer de sus contratiempos; nunca nadie se habrá caído, roto algo y recuperado con tanta fuerza, presencia de ánimo y buen humor como ella. ¡Que buena pareja hace con Jesús! Un sabio con corazón de oro y una sensibilidad impresionante escondidos tras un corpachón que no invita al encontronazo frontal, pero que hace las delicias del contertulio cuando tras una finta compartes un rato con él. 

Para cuerpecico de sílfide ya está Encarna, la alegría de la huerta, de su casa y de cualquier sitio donde se encuentre, nunca la he visto seria, siempre con la sonrisa a flor de labios, animosa, activa… y lo entiendo, porque José Luis sí que es un cuerpo y no el de Bomberos… ahí le cabe… lo que no está escrito. Todo humanidad, de la física, y sobre todo, de la otra; ¿qué puedo decir de él?, lo primero que se me viene a la cabeza es que es buena gente, que se desvive por los demás, que es amigo de sus amigos, apabulla con su cariño, y si te tiene que crujir los huesos, pues no se corta y te cruje. 

Ana y Juan, Juan y Ana, yo los veo como acostarse en Pekín y levantarse en Bogotá, tan distintos y tan complementarios como que sin el uno no podría existir el otro ¿con cual me quedo? Con los dos, por eso mismo. Ana es mi coralista preferida, bichóloga de cabecera y buena hasta decir basta; todo en ella es dulce, suave, amable… un gozo tratarla. Como a Juan, que mojados tiene los hombros de tanta llorera como soportan, con una paciencia y ciencia infinitas escucha dolores, entuertos, maldades, cuestiones médico-sociales, lo que le echen, siempre tiene la palabra justa, el consejo útil y el botón de desconexión de alarmas inútiles preparado, y eso que dice que se ha jubilado, aunque de algunas cosas… 

No me he olvidado, no, ¿Cómo hacerlo? Comencé hablando de la hormiguita silenciosa del guiso de “gurullos” con coneja, Lola, directora de orquesta, sin la cual ni este, ni cualquier concierto sonaría afinado. No deja nada al azar. A las 6 de la mañana, todos los días, y seguro que hoy también, afina sus sentidos, plantea su esquema sin necesidad de papel y lo hace realidad con la precisión de Mary Poppins, y ¡sin necesidad de volar! Esto es solo un detalle de una personalidad excepcional y no quiero darle más a la tecla (entrando en lo personal-emocional) porque no quiero que piense que lo hago por el guiso y por que se repita. 

Aitana e Irene, un resoplido de juventud que da gusto se cuele entre nosotros, porque al fin y a la postre, sois las representantes de lo que ha dado y da sentido a nuestras vidas. 

Y ¿Marián qué?, pues Marián es mi maga particular sin cuya magia, seguramente yo no sería capaz de verme en situaciones tan placenteras y positivas como la de ayer, por lo que hoy, mañana y siempre le doy las gracias.



viernes, 1 de marzo de 2024

A Pie de Calle I. New York

We Go Together (Escultura de Gillie y Marc)

Entrada al Paramount Building

Lilholts pooley pool 6 avenue Midtown Manhattan

Arte en la calle. NY

Reloj clásico Canterbury. NY

El Toro de Wall Street

Atardecer, Amanecer. (Revolución) Plaza de Battery Park City. NY
https://bpca.ny.gov/place/sunrise-sunset-revolution/

Bicicleta de plumas morada. Arte callejero. NY

Monumento a la Liberación Gay de George Sagal en Christopher Park. NY 

Independece Flagstaff. Union Square Park

High Line de New York City

Poste para llamadas de emergencia, boca de riego y taxi. NY

Chimenea para la salida de vapor de la red subterránea de tuberías
que lo transportan por la Gran Manzana. 

Solo paseando descubres una gran cantidad de curiosidades para las que no hace falta reservar visita, sacar entrada o hacer cola. Y si con el paso del tiempo vuelves sobre ellas e indagas un poco en la historia de lo que has visto, y te has traído congelado en imágenes, te encuentras uniendo al disfrute de la primera vez, el divertimento del reencuentro. 

Un ejemplo: el humo que sale por la chimenea, y que muchos atribuyen al Metro neoyorquino, tiene una muy interesante historia detrás. Solo hay que buscar.

viernes, 9 de febrero de 2024

La Cámara de los Pájaros

Cotorra argentina 1 (Myiopsitta monachus)

Colirrojo tizón 1 (Phoenicurus ochrurus)

Gaviota patiamarilla (Larus michahellis)

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)

Cotorra argentina 2 (Myiopsitta monachus)

Colirrojo tizón 2 (Phoenicurus ochrurus)

Garza blanca 1 (Ardea alba)

Garza blanca 2 (Ardea alba)

Paloma torcaz (Columba palumbus)

Dos meses largos llevaba sin usar mi Sony bridge con su super zoom. La verdad es que ya hacía tiempo que por algún lugar se le había colado suciedad a la óptica y me salían unas manchas oscuras en las fotos, que me costaba Dios y ayuda disimular con el programa de edición que uso: El Microsoft Digital Image 2006 Suite Editor, que me pasó hace un porrón de años mi amigo Antonio, quién supongo lo seguirá utilizando desde el cielo, donde seguro continúa cargando con su mochila y haciendo fotos desde que se fue el año pasado. De vez en cuando le echo un ojo a su blog Navegando por la vida, por si publica algo nuevo.

Al principio eran unas simples motas, que más o menos conseguía eliminar o, al menos, disimular. Pero últimamente la cosa empezó a pasar de castaño a oscuro y se me fueron quitando las ganas de utilizarla, tirando más del móvil y de la Canon, que obviamente, carece del zoom pajarero de la Sony.

Las cámaras de fotos, por si alguien no lo sabe, son caras de narices, y los objetivos con zoom para la Canon, ya ni te cuento, así que me propuse arreglarla. En Murcia, la última vez que la llevé y comenté lo de la suciedad, me dijeron que sí la podían intentar limpiar, pero con riesgo de que cascara. Como en aquel momento no era mucho el problema, lo dejé. Con este antecedente, descarté Murcia de principio y llamé a un taller de Elche, que ya me había solucionado un problema con un objetivo hace unos años, y me dijeron que las "bridge" no las reparaban. Decepción. 

-Llame usted al ST en Madrid, a ver que le dicen. 

(ST de Sony en Madrid) -Pues dos posibilidades tiene: que se pueda arreglar o que no. Si se puede, son tantos euros más los portes, y si no, los portes igualmente. ¡Menudo negocio, pensé!

Mi última opción: volver al inicio y llevársela al técnico de Murcia. Así lo hice. Dos días después me llaman para decirme que sí se puede limpiar, que son menos tantos euros. ¡Encantado, adelante! Al poco me llamaron y fui a recogerla y probarla. ¡Niquelada! Ni una mota, y además ha mejorado el enfoque y la luz, con lo que no tengo prácticamente que echar mano del programa de mi querido Antonio. Así que el finde pasado la reestrené con los resultados que traigo a este post.

PD El nombre de "cámara de los pájaros" se lo pusieron mis hijas, a las que no les gustan las fotos que les hago con ella. Prefieren la otra. Pues eso, la otra para ellas y esta, para ver más allá. 

domingo, 4 de febrero de 2024

Alba y Ocaso

Alba 1 (Con lucero incluido)

Alba 2

Alba 3

Alba 4 (Primer rayo de sol)

Ocaso 1 (Último rayo de sol)

Ocaso 2

Ocaso 3

Ocaso 4

Hay dos momentos en el día en los que, si estás mínimamente a ello, te das cuenta de que la tierra se mueve, y no despacio precisamente, sino a buena marcha. Casi en un abrir y cerrar de ojos pasas de la penumbra incierta a la cegadora claridad, y viceversa. Son esos instantes, el alba y el ocaso, en los que el sol aparece y desaparece de nuestro campo visual a una velocidad de la que durante el resto del día, y por supuesto, la noche, no tenemos conciencia.

Seguramente, fueran esos los momentos en que nuestros parientes humanos a lo largo de los tiempos,  se plantearon cuestiones tan enjundiosas como: ¿El sol da vueltas a la tierra? o, por el contrario, ¿es la tierra la que gira alrededor del sol? Esto del geocentrismo y el heliocentrísmo dio para muchos debates, algunos de los cuales acabaron malamente para sus participantes. Que se lo pregunten a Galileo Galilei. Y si ya metemos en la discusión a los terraplanistas, ¡apaga y vámonos! 

Yo, personalmente, soy de menos debatir y más disfrutar. Y aprovechar el tiempo ¡Que va más rápido de lo que pensamos!

P.D. Todas las fotos están hechas desde el mismo sitio (la terraza de mi casa) Esa que me dio tanto juego durante el confinamiento en la pandemia.