domingo, 28 de junio de 2015

El Primogénito

El "Capi"

¡Ya te vale, chaval! ¡Ni a mí me queda un rizo de aquellos, ni tú recuerdas donde acabó el chupete!

Cierto es que por aquella época daban en llamarte "El Capi", -cosas de tú padre- y no tenías ni remota idea de lo que te reservaba la vida, aunque algo sí estaba claro: habías llegado el primero, y sobraban brazos para tomarte, achucharte y entrenar para el futuro. No te duró mucho, pero durante un tiempo fuiste, cómo todo primogénito, el rey de la casa, y eso, te lo llevas puesto.


Eres buena persona, de trato fácil, a caballo entre tu madre y tú padre, con el genio de los dos y el encanto de ambos, aderezados con tú propia pimienta y mejorado sin duda con la indispensable aportación de Teresa, esa mujer inteligente, sensata, magnífica, que has tenido la suerte de disfrutar a tú lado. Una mujer cercana, como el título de la película que presidía nuestra mesa, pero que al contrario de lo que en ella se cuenta, sí sabe, con certeza, donde quiere ir en vuestra relación, porque tanto ella, como tú, sabéis lo que queréis y con quién lo queréis.

¡A por ellos!

No hay más que veros desbordando felicidad y confianza para intuir el magnífico futuro que os espera y del que, aunque sea de refilón, me gustará ser partícipe viendo crecer vuestro compromiso, con la misma naturalidad y decisión que mostrásteis al anunciarlo. El mundo es vuestro ¡Y lo sabéis! 

Dos en uno

De Capi a Junior, pero siempre Ricardo, te tocó abrir camino. El primero, lo quiera o no, siempre es el mayor para sus hermanos, el primero en negociar, en plantar cara, en llevarse la alabanza y también la reprimenda, ya sabes, la bendición de la primogenitura. No siempre es fácil encontrar el momento adecuado para dar el paso: los pros, los contras, los quizás, los a lo mejor, los por si sale. Lo mejor, lo que habéis hecho vosotros: QUEREMOS + PODEMOS = LO HACEMOS. Y ya sabéis lo de la cera de las velas de colores que al fundirse juntas ya no se distingue el origen de la misma. Aunque, humildemente yo os animo a que conservéis siempre vuestro propio color, para crear entre ambos aquel que sea vuestra seña de identidad como pareja.

Los zangolotinos

Y ahí estamos nosotros, disfrutando por y con vosotros, haciendo el ganso si se tercia, compartiendo vuestro inicio, con el conocimiento de lo que vais a encontrar en el camino que nosotros llevamos ya recorrido, y con el deseo de que tengáis en esa andadura nuestra suerte ¡Y más allá!

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