lunes, 2 de diciembre de 2013

De Granja I

Macho cabrío

Choto blanco

Burro o asno (Equus africanus asinus)

Solo como curiosidad relativa al nombre, el de asno le viene del latín asinus que se utiliza en su nombre científico junto a caballo africano. El nombre de burro o borrico proviene del latín tardío burricus, que significaba caballo pequeño.

Pony New Forest

Este de las barbas es un pony, esto es, un caballo pequeño como el anterior, pero no es un borrico... Será por las orejas, o será que los romanos no lo tuvieron a mano para ponerle nombre y sí los sajones. ¡En fin! Cosas de cuadrúpedos.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Hora de Comer

Grillo verde o Chicharra alicorta
(Ephippiger  ephippiger) sobre flor de ajo rojo.

Las alas de este grillo, como su nombre indica, están completamente restringidas, son de color dorado y al frotarlas producen ese chirrido tan característico y agradable que nos acompaña en los paseos por el monte. Como curiosidad decir que este ortóptero practica el arte de la cripsis (mimetismo) pudiendo variar desde el color verde hasta el marrón oscuro casi negro, según se le ponga la cosa. 

Sphecidae. (Ammophila sabulosa)

Este tipo de avispa es solitaria y depredadora, se alimenta de arañas u otros insectos. Paraliza a sus presas y ya que está metida en harina pone sus huevos en ella sin proporcionarles otro cuidado, aunque algunas especies sí continúan alimentando a sus larvas durante el desarrollo. ¡Una jollita! Aunque ya es grande de por sí, ¿se la imagina alguien cincuenta veces más grande? ¡Menuda la sabulosa!
   
Esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum) 1

Esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum) 2

Este colibrí en formato lepidóptero resulta bastante más simpático que la sabulosa de antes. Se dedica a libar el nectar de las flores, en este caso de lavanda, con una trompa casi tan larga como su cuerpo y que se desenrolla desde su boca como la lengua de un camaleón.

¡Lo que se aprende en internet!

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Mariposas III

Nacarada (Argynnis paphia) 1

Nacarada (Argynnis paphia) 2

Nacarada (Argynnis paphia) 3

Nacarada (Argynnis paphia) 4

La Nacarada se dedica a revolotear en pleno verano por los márgenes forestales, en las zonas claras de los bosques y bordeando riachuelos. Allí donde haya cardos en flor, encontraremos estas mariposas encaramadas en las flores.

Mancha azul (styrium spini)) 1

Mancha azul (styrium spini)) 2

La Mancha azul, es una especie migratoria que se puede encontrar en muchos lugares, aunque prefiere los prados y los espacios abiertos soleados. Se caracteriza por la linea postdiscal blanca sinuosa que cruza cada ala. En las posteriores, sólo en los machos, posee una mancha azul y dos o tres lunares naranjas. Es difícil pillarla quieta para retratarla como se merece. Habrá que seguir intentándolo.

Blanquita de la Col (Pieris rapae)

La Blanquita de la col, ahí donde la vemos es un insecto nocivo para campos y jardines donde se cultivan hortalizas, pudiendo llegar a constituir plagas. ¡Para que te fies de su aspecto inocente!

Icaro, dos puntos (Polyommatus icarus Rott)

La Icaro pertenece a las especies azules (La parte interior de las alas es azul), posee una gran adaptabilidad ecológica, encontrándose a menudo en campos de cultivo. También se las puede observar en compañía de otras azules en los charcos y en la arena mojada a orillas de riachuelos, donde beben agua.

Banda acodada (Hipparchia alcyone)

La Banda acodada prefiere espacios abiertos rocosos en pinar claro. Cuando se posa en el tronco de los pinos, pasa completamente desapercibida al mimetizarse con su corteza.

Las referencias a la Icaro, Blanquilla de la col y Nacarada, provienen de mi libro de mariposas, y las de la Mancha azul y la Banda acodada, a la Guía de Mariposas diurnas del Parque Regional de Sierra Espuña, de Luis Fernando Serna Agudelo y Francisco González López.

martes, 26 de noviembre de 2013

Sierra del Gavilán. Junio. Flores.

Lirios silvestres

Cardo despuntando

Flor de cardo rosa

Flor de molinillo

Flores silvestres 1

Cardo amarillo

Flores silvestres 2

Cardo rosa

Flor amarilla

En la Sierra del Gavilán se encuentra el Collado de La Cruz que la atraviesa en dirección al Campo de San Juan por una pista forestal. El mes de junio resultó especialmente húmedo y como resultado toda una exposición de colores y vegetación de la que aquí traigo una muestra.

Lo que más me gustó fue el alfombrado de florecillas blancas que cubrían grandes extensiones como si de una nevada se tratara y los preciosos lirios azules, que me recordaron a los pirenáicos aunque más estilizados que aquellos. Lástima que la cámara que llevé en esa excursión no permitiera mayores alardes, pues cuando volví dos semanas después ya nada era igual.

Una vez atravesado el Collado viniendo de Caravaca de La Cruz, llegamos a La Pava donde reponer fuerzas antes de continuar hacia Moratalla (derecha) o Campo de San Juan (izquierda), en un mesón a pie de carretera, reconvertido de una vieja escuela rural. Merece la pena, por el trato y la comida (Y viceversa)

martes, 29 de octubre de 2013

Despiste Alfabético


A mí me pasa continuamente, es montarme en un avión y tomarme dos gin-tonic para que el sentido de la orientación se me vaya a las chimbambas

Estuvo lista la señora con eso de que en los países extranjeros las ciudades se escriben distinto, lo sabría, como todo el mundo, porque London es Londres en extranjero. Digo yo. 

Esto debe ser más común de lo que parece, el otro día le oí decir a un tenista por la tele, que perdió una vez un avión para jugar un torneo en Varsovia, porque lo único que veía en las pantallas de aeropuerto era Varsa y Varsa por todas partes.  

Va a ser que cuando llegó a la agencia de viajes, -la señora del gin-tonic- con su lista de deseos por cumplir, el espabilado de turno le colocó un paquete de viaje a su conveniencia y la mandó al Caribe a tomar cubalibres.

La Granada caribeña

lunes, 7 de octubre de 2013

Salida 33 de la RM-15

SUCESOS

Cuatro personas resultan heridas en un accidente entre una moto y coche en la RM-15, en el termino de Mula

MURCIA, 6 Oct. (EUROPA PRESS) -

   Cuatro personas han resultado heridas este sábado en un accidente entre una moto y coche en la carretera RM-15, en el termino municipal de Mula, según han informado fuentes del Centro de Coordinación de Emergencias en un comunicado.

   Así, el '1-1-2' recibió una llamada, a las 20.05 horas, informado del accidente ocurrido al colisionar turismo y motocicleta en la RM-15, Autovía del Noroeste dirección Murcia, a la altura de la salida 33 en el término municipal de Mula.

   Como consecuencia del accidente, un total de cuatro personas resultaron heridas, tres ocupantes del turismo y el conductor de la motocicleta, que ha quedado en el arcén consciente y sangrando por la ingle.

   Al lugar se desplazaron tres ambulancias del Servicio Murciano de Salud (SMS), una ambulancia del servicio de urgencia de Mula, una Unidad Medica Especializada (UME) y una ambulancia de servicios concertados. Asimismo, efectivos de Guardia Civil y mantenimiento de carreteras se encuentran en la zona del accidente.

   Finalmente, tras ser atendido 'in situ', el motorista, que presentaba una herida inguinal importante, es trasladado por la UME al Hospital de la Arrixaca.



La noticia, una más de las que todos los días saltan a las páginas de sucesos de los diarios, no deja de ser eso, una más de las que engrosan las estadísticas de siniestralidad en carretera, y sobre la que pasamos con naturalidad hasta llegar a la siguiente.

Pero cuando te toca a tí llegar al lugar del accidente recién ocurrido y según vas llegando valoras seguir adelante o parar e intentar echar una mano, entonces, la noticia ya no son unos frios renglones con cuatro datos que se deslizan ante tus ojos en la pantalla o en el periódico, sino que entras a formar parte de ella. 

Efectívamente, el sábado día 5, sobre las ocho de la tarde, ya anochecido y oscuro, en plena recta justo antes de la salida 33 de la RM-15 entre Bullas y Mula colisionaron dos coches y una motocicleta. La motocicleta nos había adelantado apenas un par de minutos antes y me fijé en lo iluminada que llevaba la matrícula, al tiempo que pensaba en la fragilidad del motorista en la oscuridad de la noche expuesto a cualquier imprevisto en la calzada. 

Cuando enfilamos la recta ya nos dimos cuenta que algo no iba bien: al fondo se veían intermitentes en el carril de la derecha y una luz de faro enfocando directamente hacia nosotros por el carril de la izquierda. ¿Alguien viene de frente? Al aminorar la marcha y acercarnos, los intermitentes se tornaron dos coches cruzados en el carril y el faro en una motocicleta todavía en marcha tirada en el suelo del segundo carril. Como si de una partida de damas se tratara, los tres vehículos interceptaban los dos carriles dejando una distancia de unos treinta metros entre ellos.

Paramos en el arcén de la salida 33 y cumpliendo las normas nos colocamos los chalecos reflectantes y bajamos para ayudar en lo que fuera menester. En el sentido contrario a la marcha, el primer coche era un utilitario pequeño con todo el lateral derecho machacado y junto a él dos chicas (las ocupantes) que habían conseguido salir e intentaban alcanzar los chalecos sin conseguirlo. Con ayuda de otro automovilista las alejamos del coche hasta fuera de las protecciones de la autovía para quitarlas del medio y hablamos con el 112 al que había llamado una de las chicas y que por los nervios me cedió el teléfono, para dar parte del accidente. 

- ¿Hay heridos? me preguntan.

- En uno de los vehículos en principio no. (Las chicas, aparte del estado de nervios parecían estar razonablemente bien) Pero hay una moto y no veo al conductor. Espere que voy a ver si lo localizo

Corriendo, paso por al lado de la moto hacia el otro coche y junto a un poste de SOS, al otro lado de las protecciones hay un cuerpo inmóvil con el casco puesto.

- Sí, ya lo he encontrado. (Junto a él, otro conductor que no se apartó de él ni un momento, me dice que parece que está vivo pero inconsciente) Está inconsciente, tiene latido en el cuello y parece que tiene una fuerte hemorragia por el abdomen o las piernas porque tiene el pantalón empapado en sangre.

- ¿Tiene el casco puesto?

- Sí, respondo mientras le levanto la visera empañada.

- No lo manipulen, déjenlo como está. Ya enviamos la ambulancia.

Mientras, el conductor del tercer vehículo camina arriba y abajo, nervioso, culpando al motorista de una maniobra que le ha hecho embestir al coche de las chicas.

Entre tanto, mientras mi compañera de aventuras se queda con las chicas y otro señor intentando tranquilizarlas, el que suscribe se dedicó a llamar la atención de los vehículos que se acercaban para que aminoraran la velocidad y sortearan los obstáculos de la calzada en una especie de slalom que la mayoría realizó prudentemente.


A todas estas, se detiene un nuevo vehículo y un señor muy dispuesto se baja, pregunta, se hace cargo y decide:

- Vamos a quitar la moto de en medio.

- ¿No deberíamos dejar las cosas como están?

- No, es un peligro y hay que despejar la vía.

No acababa de decir esto cuando un fulano se acerca a toda velocidad ignorando todas las señales que se le hacían y y cuando se encuentra sin posibilidad de frenar para no tragarse la moto, pasa milagrosamente entre esta y la bionda de la mediana sin tocarlas y a renglón seguido otro que venía detrás lanzado, sortea, los tres vehículos en un zizag que nos deja helados y sigue su camino.

- Soy guardia civil, vamos a quitar la moto.

¡El alivio que sentí cuando el hombre se identíficó como miembro del benemérito cuerpo!

- Pues ponte el chaleco porque con esa cazadora (azul oscura) no se te ve nada.

El hombre se mira, asiente con la cabeza y se saca la cazadora. Y allí estaba, el uniforme de la guardia civil al completo, con el chaleco reflectante incorporado. 

En un respiro del tráfico, agarramos la moto y a rastras la sacamos al arcén donde la apagué, pues aquella seguía encendida con su ojo abierto. El guardia marcó el lugar donde había caído la moto y le pidió al señor que estaba con mi mujer y las chicas que sacara el coche de estas también al arcén, lo que el hombre consiguió con bastante dificultades porque el pobre utilitario no estaba para mucho trotes.

A continuación se fue a buscar al conductor del tercer vehículo, que resultó ser un moro, -como lo identificó el señor que estaba junto al motorista-, para que también sacara su coche al arcén.


Despejada la vía y mientras esperábamos la ambulancia, el motorista recuperó el sentido y se sacó el casco por su cuenta. Blanco como un fantasma por la pérdida de sangre no hacía más que repetir que el moro le había embestido a él después de colisionar con el coche de las chicas. 

Su asistente le había abierto el pantalón en busca de la herida que le había producido la hemorragia y dejaba al descubierto un buen tajo cerca de la ingle y que por suerte no le había llegado a la femoral.

- ¿Es grave? Me pregunta el muchacho mirándome a los ojos.

- No hombre, hazte a la idea de que te ha cogido una vaquilla, no  te preocupes.

El guardia, que cuando paró ya estaba fuera de servicio, continúa con su trabajo, pregunta a las chicas lo que ha pasado y estas repiten lo mismo:

- No íbamos a más de 100, tranquilas, y de repente hemos sentido el golpe, nos ha venido de atrás, no sabemos más. La conductora hecha un manojo de nervios, la hermana, un poco más tranquila. Las pobres venían de enterrar a su padre.

¿Como te llamas? Le pregunta ahora al herido, ¿qué ha pasado? Y el otro le contesta como puede echándole la culpa al moro. 

Sin pausa, se va para el moro con las mismas preguntas, le pide la documentación, hace su trabajo. El solito se ha organizado la situación, ha interrogado a los implicados y me pregunta.

- ¿Te han dicho si viene la ambulancia?

- Sí, (Mientras el guardia se dedicaba a lo suyo, el que suscribe atendía la llamada de confirmación del 112, facilitando de nuevo todos los datos incluidos los nuevos sobre la situación del herido) 

Luces parpadentes que vienen de Mula, sonido de sirena. Ahí está la ambulancia. Como viene en el sentido contrario tiene que dar una vuelta que se antoja eterna. Mientras, con el herido, una chica que se identifica como sanitario, le realiza una exploración y le tranquiliza:

- Ya no pierde sangre, está coagulando bien.

Por fin llega la ambulancia, las hermanas siguen abrazadas, ya saben lo que ha pasado, ¿nos has dado tú?, le preguntan al otro. Marián ha hecho lo que ha podido por tranquilizarlas, estáis vivas, eso es lo más importante les ha repetido una y otra vez. La abrazan entre lágrimas, le dan las gracias. Ya han llegado los profesionales. Ya sobramos los aficionados. Una última palabra de ánimo al herido, un beso a las hermanas. El guardia civil fuera de servicio continúa a la espera de sus compañeros que resuenan a lo lejos. Otra ambulancia llega. También nos despedimos de él con toda nuestra gratitud. Ya ha terminado nuestra labor. El balance: estupendo, todos lo pueden contar. Veinte minutos antes, la cosa estaba muy tiznada y el motorista que parecía con un pie en el otro barrio, saldrá adelante y, si es listo, se dejará la moto.

La noticia de Europa Press solo atina en el sitio. Lo demás, imaginación y mala información. Como esa, tantas y tantas que nos cuentan y nos creemos porque están impresas en algún medio. Esta semana la Guardia Civil festeja a su patrona, la Virgen del Pilar. Seguro que la pilarica tuvo algo que ver en que la suerte nos alcanzara a todos la otra noche. En el próximo reparto de medallas al mérito, si le dan una a nuestro guardia, se la tendrá bien ganada. Gracias a su serenidad y profesionalidad la historia tiene un final feliz. Así que no me queda otra que acabar con un sentido.

¡Viva la Guardia Civil! y enhorabuena a los "aficionados" que le echaron una mano. 

Nota: A última hora de la noche llamamos a la agrupación de tráfico para interesarnos por los accidentados y nos confirmaron que el motorista, aunque grave, estaba fuera de peligro. ¡Bien! 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Los Oficios


Ahora que está tan de moda el plan Bolonia para los estudios universitarios y que surgen como setas nuevos Grados y Masteres para que ningún futuro universitario se quede sin oferta para su vocación verdadera, hasta el punto que nuestras competitivas universidades acabarán por ofertar estudios universitarios individualizados al gusto del estudiante, ahora, me da a mí por reivindicar la importancia de los OFICIOS en nuestra sociedad.

Oficios que en su mayoría no han requerido el paso por las aulas universitarias y que en su mayoría son fruto de la Formación Profesional y en muchos casos, ni eso. Y qué quieren que les diga, si no existieran esos oficios, mi vida y la de tantos otros resultaría sumamente incomoda y dificultosa, y para algunos, casi imposible.

Veamos, el que suscribe se tiene, sin modestia alguna, por un manitas, esto es, procuro solucionar mis contratiempos caseros por mis propios medios sin recurrir a profesionales, salvo contadísimas ocasiones. Pero claro, uno no domina todas las habilidades del ser humano, -algunas prefiere no dominarlas- y para eso están los oficios.

En este asunto es muy importante la confianza, yo diría que fundamental en el oficio a que se quiera recurrir. En mi caso, me precio de contar con un grupo de oficios detrás de los cuales se hayan excelentes profesionales y a los que recurro siempre y que recomiendo cuando se tercia.

Un oficio fundamental (este sí, universitario) es el de médico de cabecera, pero no el del Seguro ni el de la Cía. médica, no, me refiero al médico-de-cabecera-amigo, al que le das la tabarra cada vez que te entra el hipo. En esa categoría entra mi querido Ricardo, anestesista de pro, corredor de fondo y amigo desde ya ni me acuerdo.
Sin salirme del tema médico, es fundamental contar con un farmacéutico de confianza, también puede valer un/a mancebo/a, aunque en este caso también es preferible que sus conocimientos sobre pócimas y remedios los haya adquirido en la Universidad. Si además de guapa y simpática, es una excelente repostera, ¡para qué más! Pues esa es Toñi, andaluza de Jaén y de la farmacia del barrio.
Volviendo a los oficios propiamente dichos, ¿quién no suspira por un mecánico de confianza para su coche? Uno de esos que te dice lo que le pasa, te lo arregla y además te cobra lo justo sin sacarte los cuartos como me pasó hace unos días que no tuve más remedio que llevar el coche al servicio técnico oficial y me soplaron 50 euros por una carga de liquido refrigerante. Ese mecánico al que le llevas el coche para le revisión y te queda dinero para comer el resto de la semana. Cuando encuentras a uno de estos, como me pasó a mi con Ernesto, de Talleres Hermanos Navarro, no lo pierdes hasta que se jubila. (Gracias Miguel, por presentármelo) En el tema de la moto, ando un poco renqueando, últimamente he encontrado uno que parece serio y competente, veremos como se desenvuelve a futuro.

Oficios para la casa hay muchos: fontanero, carpintero, electricista, pintor, limpiadora, montador de toldos, albañil... y más. Como ya presumía al principio, siempre intento solucionar los contratiempos caseros, aunque he de reconocer que para las cosas gordas, tiro de mi repertorio de amigos-con-diferentes-oficios, que me solventan todas las papeletas. Sin ánimo de ser exhaustivo, siempre cuento con Angel, maratoniano y fontanero, que se retuerce y contorsiona para llegar a lugares vedados para cualquier otro falto de su forma física y con Pepe, de Caribe Toldos, que nos conocimos cuando los dos teníamos todo el pelo negro, y ahí sigue con sus lonas y toldos.
Y hablando de pelo ¿quién no tiene su peluquero preferido? con el que hablar de fútbol, de toros, de política, de lo que se tercie. Pues ese es Antonio, al que conozco desde que un día me dio por cortarme el pelo a trasquilones y me dejé la cabeza hecha un Cristo -cosas de juventud- y el bueno de Antonio reparó el desaguisado de la mejor manera posible: pasándome la maquinilla al uno. A partir de ahí, decidí ponerme en sus manos. Hasta hoy. Hoy precisamente que he bajado para que me preparara para el otoño. ¡Hay que ver, cada vez le doy más trabajo! ¡Lo que le cuesta al hombre dejarme medianamente decente con los cuatro pelos que me quedan! Mi peluquero no es cualquiera, no, es de los pocos privilegiados que se encargan de subir y bajar a la Virgen de La Fuensanta cuando toca y me contaba que esta última Romería, le ha pillado con un cólico nefrítico de los gordos y con un ataque de gota para rematar y que, a pesar de todo, arrimó el hombro y subió a su Virgen hasta el Santuario sin un ¡Ay!, eso sí, con un chute de analgésico a medio camino para aguantar. Para que Antonio falte a su cita con la Virgen, le tienen que cortar una pierna. O las dos.

La panoplia de carpinteros donde elegir es más amplia, pero de todos, me quedo con Paco, trabajador fino y cuidadoso donde los haya, a quién le das un plano de lo que has imaginado y te lo convierte en un vestidor, en un armario, o en lo que le pidas. 
Un oficio al que le he sacado mucho rendimiento últimamente es al de herrero, y el mejor, sin duda, es Jose, en el Barrio de Progreso, (no confundir herrero con carpintero de aluminio, que no es lo mismo). El bueno de Jose le pega al hierro entre partido y partido de padel. Te hace lo que le pidas: desde una reja hasta una puerta, pasando por cualquier tipo de soporte o apaño que se te ocurra. Muy recomendable al ser un oficio del que quedan pocos y buenos profesionales.

Otro oficio con el que no me atrevo -de momento- es el de albañil, pero ¿para qué me hace falta si ya cuento con un maestro albañil, que además es buen amigo y excelente agricultor, que lo mismo te levanta una pared que te poda los frutales? Ese es Antonio, que con el rollo de que se ha jubilado, de vez en cuando se quiere escaquear, pero no importa, cuando lo necesito de verdad, no falla. Ahora estoy de probaturas con otro que apunta buenas maneras; aún no se si es ruso, ucraniano, moldavo o de por ahí, pero es buena persona, le llaman Jimmy -que por supuesto no es su nombre- y te entiende regular, pero todo se andará.

Crucial diría yo que es este oficio para una casa: el de asistenta o limpiadora. Encontrar a alguien responsable, eficiente y que se haga cargo de tu casa como si fuera la suya, es como echar a la lotería y que te toquen tres gordos seguidos. Sin exagerar. Por eso cuesta tanto encontrar una persona (humana) de estas características y que se conforme con lo que pretendes pagarle y además dure en el puesto más de seis meses sin flaquear en sus funciones. En este punto si que no puedo -ni quiero- ser cansino dado el elevado número de fámulas que han desfilado por aquí, aunque no puedo dejar de recordar a Carmen, la primera, estupenda y cuidadosa a más no poder, (todavía mantenemos una relación esporádica) Hadisha, del mismo Marruecos, un poco "frangolla" pero cariñosísima con las niñas en una época en que aquello era lo más importante. Se fue a Bélgica para casarse y mejorar -no se en que orden- y una vez que volvió para ver a las niñas, les trajo un enorme elefante azul de regalo. Una buena mujer. Por último Marga, autóctona, de aquí mismo, es la que más tiempo ha estado con nosotros. Un poco como el Guadiana, de vez en cuando se iba a "la oliva", pero cuando se ponía, dejaba la casa como los chorros del oro. Ahora no está, pero seguro que recalará por aquí de nuevo.

Aunque mucha gente sigue yendo a comprar a la Plaza de Abastos o al Mercado para llenar la despensa, yo reconozco que desde siempre y por operatividad me he decantado por las grandes o medianas superficies donde encuentras de todo y lo metes en un carro hasta el parking para llevarlo a casa. Cuestión de comodidad. Por la misma cuestión cuando en el portal de al lado abrieron "La Lumbre", con comida para llevar, vi el cielo abierto y me convertí en cliente asiduo de estas simpáticas señoras a las que el negocio parece irles bien, dado el importante volumen de personal que frecuenta el local. Alicia y compañía me vienen de perlas esos días que llegas tarde a mediodía y no tienes maldita la gana de ponerte a cocinar.

¿Y qué me dices cuando te preparan el asado, el arroz, las migas o lo que te apetezca y si quieres hasta te lo llevan a casa? Lo más. Pues eso ocurre con Mari del "Ahí me quedo" o con Raquel de "La Granja".

Abundando en esto del comer, no hay nada como tener una buena carnicería y una buena verdulería a tiro de piedra, y si a eso le añades una panadería y un chino permanente, ¡para qué quieres más! Mención especial a Miguel Angel y Encarna, dos hermanos de Corvera, que continúan con el negocio de su padre manteniendo una carnicería que siempre está hasta arriba de clientes. ¡Por algo será! Además, Miguel Angel es del Madrid y eso une mucho. 

Rematando el tema alimenticio, dos panaderos: Benjamín y Juan Miguel, ambos de Archivel, con sus hornos tradicionales y un pan de los de siempre que no tiene nada que ver con el congelado y horneado que ahora encuentras en cualquier esquina y que a la media hora de comprarlo está más duro que un canto. Además, con una repostería típica de pecado, sobre todo en las fiestas: Toñas, tortas, mantecados, cordiales, bizcochos, rollos de todas clases... Me entra hambre nada más que de pensarlo. Y además, puedes llevar tu bandeja de asado para hacerlo en sus hornos. ¡Un lujazo!

Hay oficios de los que nunca pensé que echaría mano, como el de agricultor, pero amigo, cuando plantas cuatro frutales y una parra y no tienes ciencia infusa, necesitas recurrir a alguien del terreno para que te ilustre sobre el modo y manera de sacarle provecho a aquello: Cuando y como fumigar, cuando y como podar -todo un arte- ¿qué es eso de escardar los árboles?. Esto para las dudas, pero además, lo bueno de tener amigos agricultores, es que de repente te encuentras con una caja de patatas en la puerta de tu casa, o con otra de pimientos y tomates, o con un par de melones o sandías, o con lechugas o brecol, o con una bolsa de higos. En esto son especiales, Pardo -que ya no está- y que nos tenía absolutamente mal acostumbrados, el Pesqui, que es un libro abierto en materia agrícola, sabe de todo, frutas, hortalizas, verduras, lo que le eches y Sebastián, que era "chacho" de alguien y se quedó para nosotros con el "chacho" Sebastián.

En fin, me habré dejado muchos en el tintero, pero a estas alturas, ¿alguien duda de la importancia que los oficios tienen en nuestra vida y de lo mucho que nos la facilitan? Valga este pequeño resumen como homenaje a todos esos PROFESIONALES que nos hacen la vida mucho más fácil y que en su mayoría no saben donde cae Bolonia.

Para terminar, confieso que no tengo personal trainer, ni personal shoper, ni broker, ni asesor de imagen, ni nada de esas modernidades anglosajonas que están tan de moda, pero no las echo de menos (de momento)

Ilustraciones: Internet

domingo, 22 de septiembre de 2013

Mis Motos I

Con tupé y estrenando la Cota 247

Si no te gustan las motos, aunque sea un poquito, no merece la pena que sigas el hilo, porque hoy, esto va de motos. No de motos en general, ni de formas de vivir, ni del viento en la cara, ni de la libertad sobre dos ruedas. No, no va de nada de eso aunque pudiera, solo va de recuerdos.

De recuerdos de toda una vida a una moto pegado. Desde la primera a la penúltima y, posiblemente, dejándome alguna en el tintero. No por muchas, sino por flojera en la memoria.

Como para muchos, mi aventura motera comenzó sobre la moto de un amigo allá por los 16 años, cuando uno es de goma y está preparado para blandearse contra el suelo cuantas veces haga falta. Las motos de los amigos por aquella época eran trialeras o de enduro, o sea, de campo, por lo que las costaladas no revestían especial gravedad.

Con esos mimbres aprendí a montar -y a caerme- en moto -tan importante, o más, lo segundo que lo primero- y llegó el momento de la primera. Una buena amiga de mis padres, Carmen Salaya, me tenía prometida una moto si aprobaba COU y Selectividad de una tacada en junio. Aquella promesa fue el mejor acicate para que yo cumpliera con mi parte y en llegando el verano le recordara a mis padres la promesa de su amiga.

Bueno... no te lo tomes muy en serio... son cosas que se dicen... no veo conveniente recordárselo...

Pero yo había cumplido, mis amigos tenían motos y yo quería la mía. Así que insistí. Vale, pero no te pases, un Vespino y vas que arreas. Con esta y otras indicaciones por el estilo nos personamos en casa de Dña. Carmen, mujer envuelta en una nube de humo producto de su sempiterno pitillo entre los dedos y que no soltaba más que para encender otro.

Aquí estamos, ¿qué hay de lo mío? La mujer, ceremoniosa, sacó un abultado sobre de un cajón y sin más preámbulos comenzó a apilar parsimoniosamente -entre largas caladas-, billetes "de a mil" sobre la mesa ante mi atenta mirada y la incomodidad de mi madre que pronto empezó a decir que ya estaba bien, que para un Vespino ya había bastante, que... Pero la otra seguía y no iba yo a ser quien la parase. Al fin y al cabo, ¿para que quería yo un Vespino si lo que ansiaba era una moto de monte como las de mis amigos? Al fin paró, ¿tienes bastante para la moto? Sí, contesté mientras contemplaba aquel fajo de billetes más contento que unas pascuas. Aunque mi madrina fue mi abuela, aquella mujer se convirtió en mi hada madrina para los restos.

Y ahora, a por la moto. Así que un buen día nos acercamos a un compraventa de Los Dolores, en Cartagena, mi padre y yo acompañados de nuestro asesor personal en tema de motos, a la sazón, el bueno de Alfredo Magaña, con sus 16 años y propietario de una Bultaco Lobito de 74 cc. amarilla, con la que había aprendido mis primeros fundamentos y sufrido las consiguientes caídas.

Haciendo "caballitos" por el campo

Del escueto muestrario de segunda mano del compraventa fijé mis ojos en la más "gorda", esto es, de mayor cilindrada: una Montesa Cota 247, roja, con una banda negra central sobre el depósito y hasta el asiento que le daba un aire de lo más estilizado.

Aquello había que probarlo y Alfredo, como buen asesor se puso a ello. Tras un par de intentos con la palanca de arranque, la Cota se puso en marcha y Alfredo dio un par de vueltas por el patio aquel en pose trialera. Bien, esto va bien. Yo también quise probarla, conseguí arrancarla al tercer o cuarto intento y emulé a mi amigo por el patio hasta que al segundo giro a aquello le dio por caerse y al vendedor por dar por terminadas las pruebas.

¡Me la quedo! Sin más probaturas decidí que aquella era la mía y unos días después la descargaban en la puerta de casa en Campoamor. ¡Aquello fue lo más! calle arriba, calle abajo y a Las Villas a repostar gasolina. Lo que disfruté aquella moto el tiempo que la tuve daría para enciclopedia y media. ¡Qué más daba que cuando la compré ya estuviera harta de vivir, que los amortiguadores fueran en el tope más alto porque solo le funcionaban los muelles, que el silencioso del tubo de escape hubiese muerto antes de que yo lo conociera e hiciera un ruido de mil diablos y que consumiera 16 litros de gasolina a los 100 km! Todo ello menudencias comparado con el disfrute de triscar por el monte como una cabra subido en aquel estruendo.

No hay nada como una moto vetusta para aprender algo de mecánica y como aquella mi primera lo era, la cosa salía a día de paseo por día de reparaciones, más o menos y sin exagerar. Al final, el carburador no tenía secretos para mí y la bujía y sus continuas perlas eran limpiadas y cepilladas convenientemente entre acaloradas discusiones sobre la distancia idónea de los electrodos para que saltara la chispa. Y que decir de la esponja de acero inoxidable embutida en el silencioso para amortiguar el escándalo del escape.

Y como aún no tenía el carnet, pues todo el día por el campo hasta que me lo saqué: el teórico a la primera y el práctico por los pelos, también, en una vetusta Vespa de autoescuela con las marchas en el puño, que se calaba al dejar de acelerar, y que cogí por primera vez para el examen.

En la Casa del Poeta

En fin, aquella fue la primera. Después vendrían otras cuantas hasta hoy, y de las que escribiré otro día, pero ninguna ha hecho que me sintiera el "Rey del Mambo" como mi querida 247.

Nota: Alfredo siempre fue un tipo tranquilo, de chico, delgaducho, y ya de mayor, con el yudo, se puso como un armario, pero no dejó de ser tranquilo. Con el tiempo cambió la Lobito por un Mini en el que entraba a duras penas. En él me llevó un día a La Manga a visitar a mi futura, y más adelante contribuyó a nuestra boda regalándonos las invitaciones gracias a la imprenta familiar. Ahí estuvo siempre hasta que un estúpido accidente en una salida de la M-30 se lo llevó antes de tiempo. Allá donde fuera, seguro que seguirá derrochando paciencia con esa sonrisa socarrona que le asomaba a la cara cuando hacía uso de ella. 

Alfredo

No todos los días me acuerdo de tí, pero sí que llevo en la cartera -desde siempre- la pegatina de Snoopy en una Vespa roja, en la que anoté tu nombre y el teléfono de la imprenta cuando me ofreciste las tarjetas para la boda. No te he vuelto a llamar, no ha hecho falta. Ya nos veremos.

jueves, 4 de julio de 2013

Nota Media

Notas

Estaba uno repasando sus calificaciones escolares y allá que se topa con las notas de la promoción de 4º a 5º Curso de Primaria, -cuando el imberbe éste no tenía más de nueve años-, y resulta que ni el director del Colegio La Sagrada Familia de los Hermanos Maristas de Cartagena, ni el inspector de Educación Primaria de la Zona, fueron capaces de sacar una nota media sin meter la pata.

Así resulta que el damnificado de turno (o sea, yo) se encontró con un 6,2 de puntuación media y una calificación de Aprobado, cuando con la calculadora en la mano sale un 7,133333333, lo que venía siendo entonces, y ahora, un hermoso Notable.

¿De donde vino el error? ¿De hacer la media con Enseñanzas del Hogar (niñas) que no tiene calificación? No creo, y además, aún así, saldría un 6,42. ¿De ser penalizado por sacar un 3,5 en Educación Cívico-Social? Tampoco lo creo, ya sería el colmo sufrir persecución política con solo nueve años.

Seguro que la realidad fue mucho más prosaica: el que echó la cuenta -el único que no firma el boletín-, se saltó el 8,5 en Escritura y le salió un 6,19, y por hacer la gracia lo redondeó al fatídico 6,2 que quedó en mis notas para los restos.

¡Lo grande del caso es que nadie protestó en su día! Y ahora tampoco me voy a poner quisquilloso. Aunque la anécdota me recuerda el viejo aforismo que me enseño mi padre y que reza así: "A la mujer como al papel, hasta el c... le has de ver". ¡Cuanta razón!