jueves, 25 de abril de 2013

ERE en el RACE

Siempre cerca

Va para 25 años que soy socio del RACE y en la vida he tenido queja de su servicio. Me han asistido en carretera en las contadas ocasiones que lo he necesitado, han gestionado mis seguros de forma correcta, atendiendo los siniestro producidos, ya de automóvil, ya de hogar con prontitud y eficacia, y todo ello gracias en gran medida al personal de su oficina de Murcia en sus distintas ubicaciones.

Ese trato personal recibido durante tanto tiempo, ha resultado truncado por obra y gracia de un ERE que ha llevado al cierre de numerosas oficinas y a la puesta de su personal de patitas en la calle. 

¿Porqué? Lo de siempre, la solución facilona a la merma en los ingresos o a la falta de los beneficios esperados. En vez de trabajar con criterios serios para mejorar la competitividad de la empresa, mejorando la oferta de productos, atrayendo nuevos clientes con campañas acertadas, escuchando las iniciativas de los propios empleados para la mejora de la gestión, se tira por la calle del medio y aprovechando la política actual del Gobierno que facilita los despidos hasta el infinito y más allá, ponen a media plantilla en la calle, cierran las oficinas y encima se permiten la ironía de informarte con el eslogan de "RACE, siempre cerca"

Yo no entro ni salgo en las políticas empresariales del RACE y sus propietarios, las segregaciones,  inversiones, ventas y martingalas a que se vienen dedicando en los últimos años, pero si el resultado de tanto tejemaneje es el de poner a personas válidas y cualificadas en la calle, con el consiguiente drama personal y familiar que esto supone, entonces sí que me quejo y sí que protesto, porque las empresas no son sólo su cuenta de resultados y más si se trata de empresas cuya vocación primera es la de servicio público. 

Pues no, para mí el RACE ya no está cerca, al contrario, está lejos, lejos físicamente y lejos como entidad de la que uno se siente parte. Hace un mes me llamó por teléfono un señor muy amable que me comunicó su intención de ser mi asesor personal del RACE. Le dí educadamente las gracias  y le repliqué que ya contaba con asesores personales en mi oficina de Murcia y que me atendían perfectamente. Y ahora llega la carta en la que me comunican el cierre de la oficina.

Pues bien, señores del RACE, esa carta supone para mi lo mismo que la que le enviarán a los empleados de esa y tantas otras oficinas que cierran, el despido, el fin de una relación por decisión unilateral de una de las partes. Ustedes despiden a los empleados y yo les despido a ustedes. En cuanto finalice mi relación anual con el RACE, dense por despedidos y, por  mí, señores socios propietarios, piérdanse en su Club de Campo o mareense dando vueltas en su Jarama hasta caerse redondos, pero no será con mi dinero.

Gracias María Jesús, gracias Irene y gracias a todos los que habéis pasado por ahí, por tantos años de servicio y de amistad, porque no solo sois unos excelentes profesionales, además sois amigas y nuestra amistad perdurará en el tiempo y eso no nos lo quitará nadie. 

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