sábado, 20 de mayo de 2023

Buzones I

Andorra la Vella

Borce. Francia

Pamplona

Andorra la Vella

Caravaca de la Cruz
Kaunas

Kaunas

En el desván de los borradores tenía este recopilatorio de buzones que a lo largo del tiempo he ido fotografiando. La verdad, no se por qué seguían ahí. Hasta ayer; ayer le encontré la utilidad tras tanta espera. Cuando volví de la farmacia (destino bastante habitual y cada vez más frecuente) abrí el buzón mecánicamente y para mi sorpresa me lo encontré lleno de sobres. Lo que hasta hace unos años era algo habitual, ahora no deja de ser un hallazgo extraordinario encontrar correo en el buzón.

Recuerdo que la ranura del buzón era algo así como una ventanita a otros lugares, una rendija por la que al asomarte te permitía durante un instante dejar volar la imaginación hacia el origen de esas cartas o postales que se vislumbraban en la oscuridad. Hace mucho, mucho tiempo, por ahí nos llegaban noticias de la familia, de los amigos que estaban lejos, de los bancos, de la Administración, ¡de todo! El buzón junto con el teléfono eran nuestros medios de comunicación con el exterior.

A mí la temporada que más me gustaba era la Navidad, me encantaba enviar felicitaciones navideñas a mis amigos y familiares, hasta tenía una lista para no dejarme a nadie (siempre tan ordenado) y por supuesto, me chiflaba recibir las felicitaciones de los demás que iba colocando cuidadosamente abiertas sobre cualquier repisa, donde permanecían durante todas las fiestas. Aún conservo muchas de ellas.

Aquel hábito fue perdiéndose poco a poco, y el envío y la recepción de un christmas navideño ahora se ha convertido en algo excepcional, tanto, que los únicos recibidos en los últimos años, han sido los de nuestros vecinos ingleses en el pueblo, que mantienen esa bonita costumbre, y que aunque viven cuatro casas más allá, cada año rompen las telarañas de nuestro buzón con su cariño y buenos deseos.

Y con los christmas se fueron las cartas manuscritas, los sellos dejaron de pegarse con la lengua y se convirtieron en pegatinas, después los resguardos de los recibos pagados por el banco también fueron dejando de llegar, hasta que lo único que encontramos en el buzón, cuando lo abrimos de uvas a peras, son los avisos de certificados no entregados, alguna que otra publicidad cuyo repartidor ha conseguido colarse en el portal, y poco más hasta que entramos en periodo electoral y el buzón como que se esponja de gusto cuando lo abres y te dice: - ¡Mira como cumplo, estoy a tope!  

En esas estaba, cerrando su puertecilla con una mano y la otra cargada de promesas electorales, cuando entró mi vecino Pepe y al comentarle la profusión de correo recibido me espetó: -¡Una verguenza! ¡Que se gasten un dineral en esto cuando todos sabemos lo que vamos a votar! Menos mal que ya me lo dijo en el ascensor y no creo que el buzón lo oyera, porque seguro que no le habría sentado nada bien con lo contento que estaba.

Creo que con el correo electrónico, los teléfonos inteligentes, las videollamadas y toda la parafernalia que ha sustituido al correo tradicional, los buzones han quedado obsoletos y únicamente sirven ya para dar pista de en qué piso y letra viven fulano y zutano; y a eso, en estos tiempos, y con la Ley de Protección de Datos, quizá habría que darle una vuelta.

¿Habrá llegado el momento de sustituir los buzones por taquillas que permitan recoger los envíos que nos llegan de nuestras compras por internet?

jueves, 18 de mayo de 2023

Profecías, Predicciones, Augurios y el 5


Todo comenzó con el 5. Como casi cada noche, entre serie y serie de Netflix, o lo que toque, mientras hacía zapping en el teléfono, me apareció el Festival de Eurovisión, que ya iba por las votaciones.

- Anda, ponlo, a ver como le va a España.

Y ahí andaban terminando con el voto de los jurados profesionales, que dejó a nuestra Blanca Paloma posada en un digno noveno puesto. Pero fue comenzar el televoto y todo se desmadró. Empezaron a adelantarnos a derecha e izquierda mientras caíamos poco a poco en la clasificación. Hasta que le llegó el turno de recibir votos a España, un poco después de Noruega que iba por detrás y se puso segunda con los 216 votos recibidos.

- ¡Ya verás, seguro que ahora remontamos!

- Y el voto popular da a España... ¡5! dije yo sin pensar, ¡¡¡5!!! soltó la presentadora ante nuestro asombro, y seguro que el de alguno más.

- !Para qué dices 5! ¿Por qué eres tan negativo? Hay que tener una actitud positiva ante la vida, y esto, y lo otro...

¡Como si mi 5 hubiera influido mágicamente en la votación y si hubiera dicho 500 habríamos ganado!

Dicho esto, yo soy de los del vaso medio vacío y de los de plantearme todos los escenarios posibles en cualquier situación, incluidos los que los optimistas obvian. ¡Qué le voy a hacer! soy así y tengo la suerte de vivir con una optimista nata hasta la médula que me contrapesa y no permite que me ahogue en el culo del vaso.

Esa suerte tengo, por la que doy gracias a Dios cada vez más a menudo. 

Esta casualidad, porque fue eso, casualidad, me lleva a pensar en todas esas premoniciones del Nuevo Nostradamus, de Baba Vanga y tantos otros, incrustadas preferentemente en los medios de comunicación digitales, que tienen como denominador común, no el vaso medio vacío, no, ¡ojalá! sino muertes, guerras, plagas, destrucciones y apocalipsis a cual más terrorífica, y que de cumplirse, esto va a quedar como un solar, no una, sino cuarenta veces, por poner un número, antes de que a esta bendita tierra la engulla el Sol cuando toque.

El año que viene, cuando llegue el televoto, te juro que digo ¡500! ¡por estas que son cruces! y a ver si conjuro de una tacada mi racionalismo (pesimismo) vital, y ya de paso espanto todos esos malos augurios que se ciernen sobre nosotros.

¡Dicho queda!


sábado, 1 de abril de 2023

El Grifo

El grifo

La verdad, la verdad, es que esto que voy a contar es una tontada sin mayor transcendencia, salvo la constatación de que, a la que pueden, te la cuelan.

Esto es que hace un año aproximadamente, encargamos en un establecimiento especializado, Ledoy Menhir, creo que se llama, o algo así, la reforma parcial de un cuarto de baño para sustituir la bañera por un plato de ducha, y aprovechar para alicatar la zona intervenida. 

Con vistas al futuro, esto es algo muy común en personas que piensan que con el tiempo será más dificultoso acceder a una bañera que transitar a una ducha. Me incluyo, aunque estoy seguro de que me quedan muchos y felices años de poder levantar alternativamente las piernas para acceder a una bañera.

El caso es que nos pusimos en manos de un técnico diseñador del citado Ledoy Menhir, con el que en las sucesivas visitas entablamos una muy agradable relación, y nos transmitió la confianza suficiente como para aconsejarnos, dentro de nuestro presupuesto, los materiales más adecuados para nuestra pequeña obra. 

Renato, arquitecto, que por circunstancias de la vida ha recalado en el centro al que acudimos, y en el que se dedica a realizar proyectos para reformas de baño, como decía, nos aconsejó en todo, desde el pie de ducha más adecuado, hasta la mampara, pasando por la grifería, donde atendiendo al especial deseo de mi querida esposa, nos dirigió a un grifo termostático que regula la temperatura del agua, de modo que esta siempre sea la misma cada vez que se utiliza. 

La obra fue un éxito, la cuadrilla que vino (del este... de Europa), la liquidó en dos días, prácticamente sin incidencias reseñables: un par de traspasos broca-pared y el tirador de la mampara mal ajustado, no es nada para la que liaron y como quedó cuando se fueron, que solo hubo que limpiar algo de polvo y fregar. Un 10 para Renato y un notable alto para la cuadrilla.

¿Y entonces, qué? Pues que en lo más crudo del invierno, en medio de una placentera ducha, de golpe y porrazo, el agua calentita se convirtió en gélida y mi querida esposa se convirtió en la sufridora directa del primer fallo del termostático. Y como este apenas tenía un año, pues la culpa al calentador. Ángel, nuestro fontanero de cabecera, cuando terminé de contarle lo sucedido, no dudó: los grifos termostáticos no se llevan bien con los calentadores de gas, y sí con los termos eléctricos. Un tema de demanda de agua, de flujos, y otras explicaciones, cuya conclusión fue que lo mejor era cambiar a un grifo normal.

Como mi querida esposa se resistía a perder su termostático, toqueteamos los mandos del calentador, por si..., y aguantamos un tiempo hasta que volvió a ocurrir el desastre con los mismos protagonistas. Ahí se acabó la resistencia. Visita a atención al cliente de Ledoy Menhir, explicación del caso, renuencia inicial del responsable bajo la premisa de que el suceso era muy poco frecuente, insistencia por nuestra parte para el cambio, aceptación de contrario, elección de nuevo grifo y dos meses después, tras algunas incidencias que me salto, por no alargar, dos operarios muy dispuestos llegan a casa a las 14:30h. (habían quedado a las 13:00h.) con una caja y una llave inglesa. Claro, nos pillan en mitad del cocido, pero bueno, como estaba muy caliente y queremos que nos pongan el grifo, dejamos la comida y atendemos a la visita. 

Diez escasos minutos después, nos piden que abramos el agua y nos vamos a probar el nuevo grifo. Funciona a la perfección, el calentador se enciende ante la demanda de agua caliente y esta sale por la alcachofa tan ricamente. ¡Misión cumplida! Nos confirman lo de la mala relación de los grifos termostáticos con los calentadores de gas, se van con la caja y la llave, y nos terminamos el cocido, un poco más tibio de la cuenta, pero ha merecido la pena. Por fin podemos desclausurar nuestra flamante ducha, después de casi tres meses inactiva.

¡Ah! Pero la dicha no es completa, la celeridad en el cambio de grifos tenía gato encerrado; cuando tranquilamente nos fijamos en él, resulta que los embellecedores que, en teoría, y en el folleto también, son cuadrados, a juego con la forma del grifo, ¡pues son redondos!, sencillamente no los han cambiado, total para qué, si no se van a dar cuenta, si son un par de abuelos, qué más les dará, pensarían los muchachos que iban ya pillados de tiempo. 

Pues eso, que podemos estar haciéndonos mayores, pero lelos aún no estamos, gracias a Dios, y por mucho tiempo. Y listillos siempre habrá, pero en este caso, Ledoy Menhir no ha quedado muy bien a causa de ellos.

viernes, 24 de marzo de 2023

La Gran Geoda

Mina Rica. Pulpí (Almería)

Hola Javi, esta semana me he acordado especialmente de ti porque fuimos de visita a una mina en la que descubrieron la geoda más grande, dicen que del mundo. Así, de casualidad, picando en una pared hasta que aparecieron cristales de yeso a lo grande, la geoda es de cristal de yeso, muy frágil como sabes, -con un grado de dureza de 2 en la escala de Mosh-, vamos, que se raya con la uña. Es la Gran Geoda de Pulpí y la encontraron en la Mina Rica de ese municipio almeriense, que nos cae a tiro de piedra de Murcia y que lleva relativamente poco tiempo abierta al público. https://www.geodapulpi.es/


Gran Geoda de Pulpí

Es de esas cosas excepcionales que por tenerlas tan a mano, no aprecias hasta que te encuentras al lado de un suizo, un madrileño o una catalana que han venido ex profeso para verla.  La visita a la mina fue muy interesante y además contamos con un guía estupendo, Manuel, que nos hizo un recorrido sumamente ameno y teatral, con alguna que otra mentirijilla que no te puedo contar para no destripar del todo la visita si te animas a realizarla alguna vez. 

Por lo visto, le pusieron el nombre de Mina Rica por la gran variedad de minerales que alberga, aunque solo se explotaron unos pocos. Hay unas cuantas y empinadas escaleras, pero merece la pena el ejercicio por la recompensa de poder colar medio cuerpo dentro de la geoda para verla y atisbar una fantasía. Que te digo yo que hay que asomarse a esa joya transparente para disfrutar como Indiana Jones en busca del Arca Perdida.

Castillo de San Juan de los Terreros.
Pulpí (Vista costa murciana)

Castillo de San Juan de los Terreros.
Pulpí (Vista costa almeriense)

La visita a la mina estaba combinada con la entrada al Castillo de San Juan de los Terreros, una fortaleza del siglo XVIII con unas vistas espectaculares de la costa fronteriza entre Almería y Murcia, que alberga en su interior algunas salas de exposiciones con minerales y fósiles, así como una visita virtual a la mina y en la que sí "entras" en el "corazón" de la Geoda, y que fue el complemento ideal de la visita real. https://youtu.be/dmqsJR51nZo 

Como remate y ya al caer la tarde, acabamos en el pueblo, Pulpí, en un edificio llamado Espacio Escénico en el que, como no, hay una sala dedicada a los minerales, en la que una experta que se conocía al dedillo los más de mil ejemplares que atesora, nos puso en situación para poder disfrutar en condiciones del espectáculo. la Sala Negra de Pulpí, repleta de vitrinas con minerales luminiscentes de todo el mundo y que cuando apagaron las luces y encendieron las ultravioletas se convirtieron en una exhibición de luz y color. https://youtu.be/wfEKZjTNzT8

Así que sí, me acordé de ti y de lo que disfrutarías de la visita. Ya sabes, si no la conoces, cuando vuelvas por aquí, no me importaría repetir la visita con un experto.

Minerales con luz general

Minerales con luz ultravioleta

Un fuerte abrazo. Fernando

viernes, 3 de marzo de 2023

La Memoria

Puente Viejo y Catedral, La Nuit. Murcia

Esta Era Visual es lo que tiene, todo nos entra por los ojos. Aunque falto a la verdad cuando digo todo, porque sí hay cosas que física e incluso metafísicamente no nos podemos meter por el ojo, sin ir más lejos, la viga en el propio tras ver la paja en el ajeno. Eso no lo supera ni la mejor de las culturas visuales.

A lo que iba, que me disperso. Quizá esto que sigue ahora sólo es cosa mía y de mi propia brutez, vaya ello por delante. Pero me pasa, tan acostumbrado últimamente a darle al ¡clic!, que ya no hago en la mayoría de las ocasiones ni el menor esfuerzo en rebuscar en mi memoria lo que tan fácilmente me pone el ¡clic! al alcance.

Y sobre todo lo noto en aquellas materias que allá por la primaria y el bachillerato predemocráticos, que regulaban la Ley sobre Educación Primaria de 1945, la Ley de Ordenación de la Enseñanza Media de 1953 y la Ley General de Educación de 1970, que nos instruían en Ciencias Naturales, en las que aprendíamos sobre bichos, piedras y plantas, el cuerpo humano con todos sus huesos, órganos, y torrentes varios, que por aprender, aprendíamos todo lo que hay dentro de un ojo, al detalle, y así con el resto, y los exámenes eran orales y exhaustivos. Física, Matemáticas, en las que lo que más me gustó fue la trigonometría con sus senos, cosenos y tangentes ¡tengo unas libretas impecables de aquella época de las que no entiendo ahora una "jota"! Lengua, la gramática, ortografía, ... las cartillas con los dictados, los verbos y sus recitados, las redacciones... La Química, también me gustaba aquello de formular uniendo celdillas y palitos para crear figuras preciosas, los ácidos, las sales, la orgánica y la inorgánica. Literatura, donde conocimos a nuestros grandes escritores, sus generaciones, novelas, poesías, teatros y leíamos, vaya si leíamos, "Las inquietudes de Santi Andía", recuerdo que fue de los últimos. Geografía, pero geografía a lo grande, de España, del mundo, la física con ríos y afluentes, cordilleras y sistemas montañosos, lagos, volcanes, islas, continentes, climas, y eso de todo el mundo mundial, y en la política, los países de todo el orbe, las banderas, las capitales, los idiomas. Historia, desde la Prehistoria hasta nuestros días y, por no pecar de exhaustivo (que lo estoy siendo) y de repelente niño Vicente (que también), acabo con el Dibujo técnico, materia fascinante, de la que aún guardo algunas de mis hazañas: una palomilla de rosca, una bicicleta, una locomotora y algun conglomerado de líneas entre dos ejes, que entonces veía con claridad y ahora... ahora no. Un lunar: el inglés, ¡ay el inglés!  ¡que no me llegaba ni a entrar por un oido para salir por el otro!, y el Latín... otro que tal...

Puesta de sol invernal. Murcia

Y no, no teníamos nada al alcance de un ¡clic!, pero en mi caso, de todas las materias anteriores tuve unos magnificos maestros y profesores que nos enseñaron a aprender a gusto, con ganas, con curiosidad; que nos motivaban a estudiar para saber y sentirnos orgullosos de nuestra capacidad para hacerlo. 

Las leyes cambian, los recursos educativos también, la exigencia fluctúa, pero los buenos profesores y el interés por aprender siguen ahí, solo hay que tener suerte para encontrar a los primeros e interés por lo segundo.

¿A cuento de qué toda esta perorata? Pues al mismo que cuando empecé este blog, allá por 2006: para acordarme de cosas, para ejercitar esa masa gris que tenemos entre las orejas, para retomar esta historia que dejé en el andamio el 26 de enero de 2018 y aún no ha perdido el sentido, por agradecimiento a los hermanos Montoya, a Paco Márquez, a José Carmona y a todos aquellos que supieron inculcarme el gusto por aprender, más que la obligación de hacerlo. 

Y me voy, que es la hora del rosco de Pasapalabra, a ver si consigo acertar 20, que para las 25 ya se necesita mucho leer y una memoria descomunal.

Suculenta al sol

P.D. Esta disertación me la ha inspirado mi padre, que con sus 92 años siempre ha tenido, y tiene, una memoria envidiable. No hay más que tirar del hilo... y te sumerjes en la enciclopedia de los últimos 100 años. 

domingo, 26 de febrero de 2023

Vitamina C

¡Vaya semanita! digo semanita y ya va para quincenita; que empezó la cosa con un ligero picor de garganta combatido con Lizipaina y caramelos de menta, siguió con un moqueo interminable, hasta llegar a las toses secas, siguiendo con las productivas y ya tenemos la caldera a pleno rendimiento, que cuando te da el ataque en condiciones, como que se te desarma la caja del pecho y te duele desde el tuétano de los huesos hasta los pensamientos.

A esas alturas, ya con el arsenal de paracetamoles, ibuprofenos, acetilcisteinas y caramelos bajo mínimos, con la nariz en carne viva del torrente continuo, contenido a duras penas con cleanex de primeras, y después con el rollo de papel higiénico, que no está la cosa como para derrochar, toca vuelta a la farmacia, la misma de la que salí el otro día, en busca de más jarabe y remedios para lo que esto sea, que no hay manera de sacárselo de encima. Que puede, según internet, ser un sublinaje de la Omicron, o una buena gripe o un catarro de los de toda la vida; el caso es que contra los sublinajes llevo ya las cuatro vacunas reglamentarias y contra la gripe, la correspondiente, así que los deberes hechos, pero que si quieres, esto no se acaba.

Y dice la boticaria que le está pasando a mucha gente, catarros que duran dos semanas, que cuando parece que empiezan a remitir, vuelven como si nada, que lo mejor es tomar vitamina C de un gramo, que lo de tomar naranjas y limones está muy bien, pero el gramo de vitamina C, imprescindible, y me lo dice con todo un expositor de Redoxones naranjas cubriéndole las espaldas, que lo cortés no quita lo valiente y lo suyo es un negocio y ahora toca la vitamina C.

Me voy a la competencia, el herbolario que está enfrente, a preguntar por el complemento vitamínico, (he visto un poco caros los Redoxones de la farmacia) y la herborista me saca su muestrario mientras me certifica lo mismo que la otra, que esto dura dos semanas de toses y mocos a troche y moche, así que me decido por un bote de 90 cápsulas de 1 gramo de vitamina C (somos dos los dolientes) y a ver que pasa. No es que le tenga mucha fe al remedio, pero a estas alturas, si hay que hacer el pino puente para recuperar la compostura, pues se hace.

Menos mal que me puedo asomar al balcón y hacer alguna foto para levantar el ánimo. ¡Señor, que lucha!

jueves, 23 de febrero de 2023

El Peluquero y las Estrellas


Yo creo que el calentamiento global me está afectando malamente a mi también. Echo la vista atrás y llevo una sequía “bloguera” de casi !DOS AÑOS! ¿me habrá bajado el nivel freático del coco?, y hablando del coco, resulta que por efectos de la genética, la gravedad, el paso del tiempo, o vaya usted a saber el motivo o la conjunción de unos cuantos, mi frondoso tupé de la juventud se ha quedado en la “t” y el resto con más claros que la sabana africana, por lo que desde hace unos años, cuando bajaba a Antonio, mi peluquero de toda la vida (literal, desde la universidad), le pedía que me pasara la máquina al uno por todo el melón, porque así no me tenía que peinar y es más cómodo para ir y venir con el casco de la moto...

Pero, hete aquí que desde la última vez que me puse en sus manos, allá por el verano pasado, lo he ido dejando, y dejando, como el blog, y resulta que cuando ya me planteé en serio hacerle una visita, se había puesto de moda lo de raparse las sienes a lo futbolista y el personal andaba pillando la tiña a destajo en las peluquerías. Que no digo que Antonio no desinfecte convenientemente las cuchillas, que seguro que sí, porque siempre ha sido un hombre muy curioso con su material, pero por si qué, pues aún no he ido y tengo unas greñas que en poco me voy a parecer a Santiago Segura, el de Torrente. Alguna ventaja sí me está aportando la situación, pues llevo la cabeza un poco más abrigada con estos fríos que se nos vienen y van, le he podido dar rienda suelta a mi imaginación ensayando ante el espejo peinados alternativos… y como dicen que las canas no se caen y yo no tengo otra cosa, pues como que me veo en senador romano y sigo dejando pasar el tiempo…

Ayer por la tarde, saliendo de la farmacia, donde me hacen la ola cada vez que voy, por la frecuencia, supongo, y que está cerca de la peluquería de Antonio, pensaba que definitivamente no me va a quedar más remedio que pedirle cita para que me pase la desbrozadora de una vez, y en estas, miré al cielo y en un rincón limpio pude ver reunidos a la Luna con Venus y Júpiter en un palmo de la mano estirando el brazo, y me pareció tan bonito, que me olvidé de mi alopecia, del peluquero y de la farmacia, para hacer una foto, primero con el móvil y luego desde casa con la cámara, para inmortalizar la conjunción de los astros. 

viernes, 19 de marzo de 2021

Mejorando lo Pasado

Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros) 

Aficionado a los pájaros soy, de segunda o tercera división, vamos que no soy ornitólogo. Con verlos, fotografiarlos y saber como se llaman me conformo. No soy de ir cargado de catalejos, telescopios o como se llamen, de meterme en un mirador horas y horas "en plan" observación, y mucho menos aprenderme nombres científicos que me entran por un lóbulo y me salen por el otro. Soy más del "aquí te pillo, aquí te retrato" y punto.

Con esas premisas me compré un libro ilustrado titulado Guía de Campo de Pájaros de Europa, gordito pero manejable, tamaño cuartilla, y que durante mucho tiempo he utilizado para identificar los distintos pájaros que me han salido al encuentro. También tengo uno similar de mariposas, para lo mismo, pero con mariposas, polillas, y demás bichos con alas de la familia.

Bueno, pues pasado el tiempo, y como no siempre tengo a mano los mencionados libros, he venido en recurrir a la red global que todo lo sabe, y he descubierto que mis libros se quedan en mantillas comparados con lo que encuentras pulsando un botón. Sí que es cierto que tienes que identificar más o menos, lo que buscas, por ejemplo, mi última búsqueda en modo imágenes: pájaro pequeño con el cuerpo negro y la cola roja, e inmediatamente apareció el Colirrojo Tizón, en su variante macho, porque la hembra tiene el color más ceniciento. No una ni dos, sino decenas y decenas de fotos, referencias, características, etc, etc.

Además, mi libro es como yo, de andar por casa, y solo trae una o dos ilustraciones como mucho del ave en cuestión, faltan denominaciones, variedades y sobre todo, fotografías. Así que aunque le tengo cariño porque han sido muchos años de consultas, confieso que he caído en la red de la que hablaba antes como un pajarillo más, y por ella me muevo ahora como pato por mi alberca. 

Y esta es mi modesta contribución al Colirrojo Tizón.

Colirrojo Tizón 2

Colirrojo Tizón. 3

Colirrojo Tizón. 4

Colirrojo Tizón. 5

Colirrojo Tizón. 6

Colirrojo Tizón. 7

Colirrojo Tizón. 8

Colirrojo Tizón. 9


domingo, 14 de marzo de 2021

Explorando

Con R de explorando

Alguna vez lo he dicho aquí, si hay que elegir entre la playa o el campo, me quedo con el campo, y si no lo he dicho, lo digo ahora. La playa está muy bien, con su agua, su arena, sus chiringuitos, vamos, el lote completo; muy requetebién. El primer día y el segundo, y el tercero también, y hasta una semana si te pones, pero, "en pasando de ahí", el agua más o menos movida, es la misma todos los días, y la arena, la arena no tiene mucho que contar, si tienes suerte hay conchas o cantos rodados que dan para un rato de recolección, hasta que ya no te caben en las manos ni en los bolsillos del bañador, y lo tiras y empiezas de nuevo o lo guardas ¿dónde?... problemas. En cuanto a los chiringuitos, pues sí que está bien lo de la cervecita fría con las tapitas y demás, no lo voy a negar, y además, después de una semana, puede que sean el último refugio antes de sucumbir a la monotonía de las aguas y las arenas. !Ah¡ Se me olvidaba, te puedes bañar y bucear y hacer submarinismo, aunque esto último requiere algo de especialización, el equipo necesario, y tener los oídos a prueba de profundidades; ahí pincho yo, mis oídos no están para experimentos, pero las otras opciones son aceptables y gratificantes mientras la temperatura del agua acompañe, el resto del tiempo, arena y agua. Como nunca he tenido barco no puedo poner esta opción en la balanza de los gustos, aunque supongo que mejoraría mucho la opción playa.

Rambla de la Higuera. Dique de laminación. Aguas arriba

Rambla de la Higuera. Dique de laminación. Aguas abajo

No tengo barco, así que no hay opción. Sigo prefiriendo el campo. El campo en general, abarcando todo lo que no son casas rodeadas de asfalto y de más casas y más asfalto, es enorme, hay por todas partes y está al alcance de cualquiera en un gran número de opciones, tanto españolas como británicas: se puede pasear, andar (que es lo mismo pero más rápido y sin parar), también hacer jogging, trekking, running, senderismo de toda la vida... y también se puede explorar. Esto es lo mío, la sensación de lo desconocido, de hollar por primera vez donde nadie lo ha hecho antes, la posibilidad de descubrir constantemente lo que te ofrece la naturaleza, a nada que veas las señales y estés atento para descifrarlas. En una sola mañana de exploración y sin irte al quinto pino, puedes disfrutar como un cosaco de lo que encuentras a tu paso. Sin ir más lejos, en la última salida que hicimos, un rato, para hacer apetito antes de comer, exploramos unos campos de cebada comenzando a verdear, ribeteados de pinos carrascos en sus márgenes, mientras nos seguía a prudencial distancia un precioso perro de caza, posiblemente abandonado y maltratado, ya que por más que intentamos acercarnos a él, no hubo manera y mantuvo la prudencial distancia sin quitarnos ojo durante un buen rato. Más allá del perro encontramos un pequeño silo disimulado entre unos árboles, casi a ras de suelo, posiblemente para deshacerse de los animales muertos de las explotaciones ganaderas de los alrededores. Olía a rayos. 

Cueva. 1

El momento exploración de terreno desconocido no llegaba. Alguna que otra botella de vidrio bajo un pino, una escombrera llena de latas de cerveza arrugadas y desperdicios varios, jirones de plástico negro de los cultivos, huesos repelados de ovejas, huellas de neumáticos de moto por el terreno arenoso, son señales que delatan a las claras la presencia humana, así que la exploración se quedó en un nivel medio de emoción. Y aún así, mereció la pena. Mas allá de los pinos, y de unos almendros en flor, un camino serpenteaba hacia una rambla, sorteándola hacia los cultivos del otro margen. Un señora rambla, no un ramblizo cualquiera, así que siguiendo por su cauce nos encontramos con un dique de laminación, lo que da idea de la importancia de la rambla y de que la CHS hace su trabajo. 

Cueva. 2

Cueva. 3

La presa en miniatura guardaba una sorpresa en uno de sus laterales, una cueva, no muy grande, pero una cueva, con todos sus atributos: una buena oquedad que casi daba para estar de pie, un techo ennegrecido por el humo de multitud de fogatas, y hasta unos atisbos de estalactitas sobre la cabeza, muy propicios para un coscorrón. Fuera ya de la cueva y continuando rambla abajo, llegamos a la confluencia con otra rambla igual de amplia que la primera. Terminando con las ramblas, y una vez consultado el mapa, de vuelta en casa, la rambla del dique de laminación es la Rambla de la Higuera y la que confluye por su izquierda es la Rambla de las Buitreras que discurre a los pies de la Sierra del Gavilan, y ya, en un único cauce, vierten al Río Argos.

Cuevas

Volviendo al terreno, aún quedaba un último "descubrimiento", en la ladera de un cerro, a lo lejos, en la pared caliza se vislumbran unos huecos, que en un principio parecía un fragmento de acueducto, de los que quedan vestigios por la zona, pero que al acercar la imagen con el teleobjetivo, parecen más cuevas que otra cosa. Habrá que averiguar si son simples agujeros o, como la de la rambla, tienen un poco más de entidad y serán objeto de una próxima exploración.

Que no se me olvide, para ser un buen explorador es fundamental contar con la compañia adecuada. Y esa la tengo, la he tenido y espero seguir teniéndola siempre. Y todas estas historias serian imposibles sin ella.

sábado, 6 de marzo de 2021

A Pecho Descubierto

Esta noticia ha aparecido recientemente en la prensa regional, y la verdad, me he llevado un sobresalto importante, porque ¡yo estuve ahí! y sin mono ni mascarilla de seguridad. Además, era un imberbe de doce o trece años, todo lo más. He aquí un resumen de la noticia:

Técnicos ataviados con monos y mascarillas de alta seguridad de la empresa Typsa

La vieja fundición de Peñarroya, en Cartagena, quedará limpia en 2022

El Puerto acelera su derribo y los trabajos para determinar el grado de contaminación del suelo antes de eliminar los residuos peligrosos

Las máquinas, palas y camiones se mezclan estos días en los terrenos de la antigua fundición de plomo de Peñarroya con técnicos ataviados con monos y mascarillas de alta seguridad de la empresa Typsa, especializada en trabajos de mediciones de campo. Mientras unos cargan escombros para llevarlos a vertederos y empresas gestoras de residuos, los otros recogen muestras del terreno perdidos entre los montones de tierra que aún quedan diseminados por el solar. En poco menos de seis meses, y tras su paso por un laboratorio, los especialistas determinarán el grado de contaminación de la parcela, situada frente a la terminal de contenedores de Santa Lucía, y los componentes químicos de carácter peligroso que aún quedan en ella.

Pero es que a los pocos días, me encuentro de sopetón con una ampliación de la noticia anterior, y entonces lo que me llevo es un sobresalto radioactivo, así que tras empaparme de ella, me voy a los orígenes para determinar si puedo seguir con mi vida normal, o debo ir a que me inspeccionen, por si aún conservo en mi ser algún residuo que pueda atentar contra mi salud y la de los que me rodean. Resumen de la segunda noticia:

Residuos en los antiguos terrenos de Peñarroya, en Santa Lucía

El CSN insiste en aclarar el riesgo radiactivo en la fundición de Peñarroya

Recuerda a la Comunidad que es necesario estudiar el alcance de los residuos acumulados en varias parcelas de Santa Lucía, para proteger la salud

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha reiterado a la Comunidad Autónoma que en los terrenos de la antigua fundición de plomo, estaño y cobre de Peñarroya situados en el barrio cartagenero de Santa Lucía, «además del riesgo químico, podría existir un riesgo con potencial significación radiológica que debe ser investigado». Por ello, «es necesaria la caracterización radiológica de los mismos», con vistas a «determinar si existe riesgo radiológico» para la población y protegerla. El área abarca más de 200.000 metros cuadrados.

Con los recortes de ambas noticias, que para lo que quiero contar son más que ilustrativos, voy a hacer un poco de historia consultando fuentes de mi total confianza. 

A saber, pues resulta que la llamada Peñarroya realmente se llamaba SMMP (Société minière et métallurgique de Peñarroya) y fue una multinacional minera francesa que operó en España durante más de un siglo, hasta 1989.

Los franceses llegaron a Peñarroya, un pueblo de Córdoba, en busca de carbón para alimentar sus fundiciones de plomo, que era lo que aún se llevaba a finales del siglo XIX, ya que el petróleo como fuente de energía de momento era cosa de los americanos. Se cuenta que los franceses, muy suyos con sus cosas, tenían un perro "zahorí", como esos señores que buscan agua con un palito, pero en perro, con su olfato, y especializado en buscar carbón. Y el bueno del perro encontró un afloramiento del mineral en terrenos cercanos al pueblo, y allí que sentaron sus reales para extraer carbón.

Como hacía falta mano de obra "in situ", y todavía no había Metro, ni autobuses, pues construyeron un poblado para los mineros, al que con el tiempo llamaron el Pueblo Nuevo, y que con más tiempo aún y dada la proximidad con Peñarroya, juntaron los dos pueblos y los nombres en el actual Peñarroya-Pueblonuevo. Y en homenaje al perro carbonero, le añadieron del Terrible, pues así dieron en llamar al can, y peñarriblenses a sus pobladores.

Y mira tú por dónde, de Peñarroya-Pueblonuevo del Terrible es mi padre, protagonista, que no yo, de esta historia. Bueno, pues a partir de Peñarroya, los franceses vieron negocio en el sur de España y se expandieron por la zona: de Peñarroya (Córdoba), pasaron a Puertollano (Ciudad Real)La Carolina (Jaén), Cartagena-La Unión-Mazarrón (Murcia)... Donde fueron instalando sus fundiciones de plomo.

Fernando Márquez Horrillo. Abogado. Puertollano

Y fue en la SMMP, en Puertollano, donde se estrenó como abogado mi padre en 1956, nada más acabar la carrera de Derecho, y durante diez años se curtió entre mineros e ingenieros, como aperitivo de su siguiente destino en Cartagena, donde se estableció hasta que en 1989 ya como SMMPEcerraron porque el negocio no dio para más (la "E" de España, ya que con el tiempo había entrado capital español, reestructurándose la sección española de la sociedad) 

En Cartagena aterrizó en 1966, pero ya con familia incluida, nada menos que en el Gran Hotel, mientras le buscaban casa. Fue una semana, o quizá diez días, pero lo recuerdo como algo majestuoso; recién llegados de Puertollano y meternos en aquél hotelazo ¡una pasada! De lo que mejor me acuerdo es del suntuoso comedor con sus techos altos, las mesas de blancos manteles, inmaculadas y enormes servilletas, y cubertería que en mi imaginario era de plata. Claro que por entonces uno tenía 7 años, y los recuerdos se mezclan con las fantasías con gran facilidad.

Gran Hotel. Cartagena

En Cartagena, cuando llegó mi padre, la Sociedad ya tenía montado un buen tinglado desde principios del siglo XX, explotando las minas de La Unión, como antes lo habían hecho los cartagineses, los romanos, y todos los que por allí pasaron. Una vez tratado sobre el terreno, el mineral extraído de las cortas mineras acababa en la Fundición de Santa Lucía, en la zona portuaria de Cartagena, objeto del actual estudio para determinar los elementos contaminantes, tóxicos y hasta radioactivos que allí puedan quedar. 

El Regidor
Al principio le instalaron en un precioso palacete modernista llamado El Regidor, situado en el Paseo de Alfonso XIII, esquina con Angel Bruna, pero como su trabajo consistía fundamentalmente en la relación de la Sociedad con los mineros y los trabajadores, el periodo de 1970 a 1974, se lo pasó en las oficinas que había en la propia Fundición de Santa Lucía, donde el trato con los empleados era más cercano. Allí estaban las oficinas junto a las instalaciones, con el horno de fusión y toda la pesca, y durante el tiempo que estuvo allí, se movió por todo aquello como cualquier trabajador más. Luego regresó a El Regidor, dónde ocupó un precioso y luminoso despacho, en el que yo tuve la suerte de aprender de él mientras acababa la carrera. 

Chimenea
En aquel horno, que se calentaba como el infierno, se trataba el material procedente de las zonas mineras para obtener el plomo, 60.000 toneladas al año, que era el principal objetivo de la empresa, amén de plata, antimonio y algún que otro metal más. Ni que decir tiene que Peñarroya cumplía escrupulosamente con toda la normativa existente en el sector, de la Delegación de Industria, de la Jefatura de Minas, y de toda la que fuera aplicable, sometiéndose a cuantas inspecciones tenían a bien realizar los técnicos competentes en sus instalaciones, tanto en la zona minera, como en la fundición. Un ejemplo de ello fue, en cumplimiento del Plan de Saneamiento Atmosférico, la erección en los años 70 de una chimenea de 100 metros de altura sobre el Cabezo de San Pedro para sustituir a la existente de tan solo 20, y cuyo objeto era dispersar a mayor altura (250 metros) los humos procedentes de la combustión del mineral, de manera que disminuyera la contaminación producida por las emisiones.

Fundición de Santa Lucía
Hasta aquí y a trazos muy gruesos, la historia. Pero no quiero dejar de contar, al menos, dos anécdotas de aquella etapa cartagenera. La primera enlaza con el comienzo de esta disertación: ¡yo estuve ahí! Era mi época colegial en Los Maristas y por mediación del Abogado, mi clase giró una visita a la fundición, dónde nos enseñaron todas las instalaciones, incluido el infernal horno de fusión. Y allí nos obsequiaron con unas pequeñas piezas irregulares y brillantes, que rápidamente denominamos "pepitas", porque eran de plata y procedían de las rebabas de la fundición de la plata y su conversión en lingotes. Durante mucho tiempo conservé mis "pepitas" como un tesoro. No se si allí pillaríamos algo tóxico o radioactivo, pero para unos niños que jugábamos con el mercurio de los termómetros cuando se rompían, es harto improbable.

Y la segunda: en 1970 la Sociedad cerró sus instalaciones en Peñarroya-Pueblonuevo, y en vez de ponerlos en la calle, reubicó a 53 de sus mineros en Cartagena, alojándolos entre Cartagena y La Unión. Aquella solución era provisional, y el Abogado, que trataba con el personal -con quien negociaba tres convenios colectivos al año-, se enteró de que el ministro del ramo había dicho que disponían de 10.000 millones de pesetas para construir viviendas para obreros, y ni corto ni perezoso, con una delegación de mineros se presentó en el Ministerio de Industria para pedir lo suyo. Por supuesto que no los recibió el ministro, pero además, el funcionario con el que se entrevistaron sumió su gozo en un pozo. De dinero nada de nada, ni un duro, pero no porque no se lo quisieran dar, sino porque no existía la partida y la noticia no era más que un cuento chino del ministro. 

Acto de Hermanamiento La Unión-Peñarroya Pueblonuevo
en la Barriada Peñarroya

No cejó en el empeño, consiguió 9 millones de pesetas, echó mano de dos amigos, uno arquitecto y otro aparejador, y contando también con el del Ayuntamiento de La Unión, se embarcaron en la construcción de 53 viviendas donde alojar a aquellos obreros cordobeses llegados de Peñarroya. Pasado el tiempo, el 27 de octubre de 2018 se llevó a cabo un acto de Hermanamiento entre dos ciudades mineras, La Unión y Peñarroya-Pueblonuevo, que comparten además de la minería, la patrona, Ntra. Sra. del Rosario, sus fiestas en honor a Sta. Bárbara, el flamenco... y un puñado de familias que encontraron su segundo hogar en la Barriada Peñarroya.

Díptico informativo del Acto de Hermanamiento 

La construcción de la Barriada Peñarroya en La Unión, por el empeño y la determinación que puso en conseguirlo, junto con al cariño de todos los trabajadores que compartieron aquella etapa laboral con él, fue, para mi, el mejor legado de mi padre. Y si después de cuatro largos años en la fundición, más las constantes visitas a las instalaciones de la empresa el resto de su etapa en Cartagena, siempre de traje y corbata, sin mono ni mascarilla de seguridad, ni con un contador Geiger en el bolsillo, ha llegado a los 90 años con una vitalidad y memoria prodigiosas, que estén tranquilos los cartageneros, que no quedará mucha contaminación ni radioactividad en los terrenos de la antigua fundición. O eso, o mi padre es Supermán. Que también. Y peñarriblense.

PD. Las noticias aludidas son de La Verdad y el resto de fotografías recopiladas en internet. Menos una.